El 2 de mayo se conmemora el fallecimiento de Paulo Freire (1921-1997), el pedagogo latinoamericano cuyo legado sigue iluminando las luchas por la justicia social y la educación liberadora. A más de un siglo de su nacimiento, su pensamiento continúa inspirando a los movimientos populares que ven en la educación una herramienta esencial para la transformación social.
En su obra Pedagogía del oprimido, Freire sostiene que la liberación no es un acto individual, sino un proceso colectivo: “Nadie libera a nadie, nadie se libera solo. Los hombres se liberan en comunidad”. Este principio ha guiado las luchas de los sectores excluidos, donde Freire sigue siendo un referente para cuestionar el poder hegemónico y construir alternativas desde las bases.
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En Bolivia, la influencia freireana se entrelaza con las luchas históricas de los pueblos indígenas y campesinos, desde la Guerra del Chaco (1932–1935) hasta la Revolución Nacional de 1952, que conquistó derechos fundamentales como la Reforma Agraria, el Voto Universal, la Nacionalización de las Minas y el Código de la Educación Boliviana. Estas transformaciones se consolidaron a través de la Central Obrera Boliviana (COB) y proyectos educativos como la Escuela-Ayllu de Warisata (1931–1940), este último articuló la cosmovisión indígena con pedagogías transformadoras, anticipando enfoques que Freire sistematizaría décadas después.
Durante el siglo XIX, el pensamiento de Freire en Bolivia se anticipó con las escuelas ambulantes y clandestinas, posteriormente con los Centros de Educación Media Acelerada (CEMA), hoy conocidos como Centros de Educación Alternativa (CEA). Actualmente lo popular se enraizó en la comunicación, las políticas públicas, en el nacimiento de los barrios, en la cultura, entre otros, que se convirtieron en motor de identidad y resistencia de los pueblos.
Sin embargo, el siglo XXI en América Latina ha estado marcado por la represión estatal hacia los pueblos indígenas y los sectores populares. Los asesinatos de líderes sociales y la criminalización de la protesta revelan que los gobiernos contemporáneos prefieren enemigos a adversarios: al enemigo se le elimina; al adversario, se le enfrenta con ideas y argumentos. En este contexto, las palabras de Freire resuenan con urgencia: la esperanza, entendida no como ingenuidad sino como «imperativo existencial», es vital para resistir y transformar la realidad. Incluso desde la desesperanza, continúan naciendo nuevas luchas sociales en busca de un poder verdaderamente popular.
Paulo Freire no dejó únicamente un método pedagógico; legó una filosofía de lucha que sigue guiando a los movimientos sociales y populares del país, como las Confederaciones y Federaciones de pueblos indígenas, campesinos y afrobolivianos. Aunque actualmente muchos de estas organizaciones se encuentran divididos por intereses políticos, persiste la esperanza de su reunificación bajo principios de justicia social y autodeterminación.
El enfoque humanista y crítico de Freire exige que los dirigentes populares sean educadores comprometidos con la formación política y cultural de sus comunidades. Para Freire, la organización de base es, ante todo, un acto educativo, un liderazgo revolucionario y contestatario frente a los regímenes de opresión.
En tiempos de crisis, como la etapa posterior a la sindemia del COVID-19 o frente a la violencia sistemática contra los pueblos, su pedagogía de la esperanza impulsa a mantener viva la resistencia como camino hacia la liberación y la emancipación.
Bolivia enfrenta hoy el desafío de impulsar una alfabetización integral que vaya más allá de la lectoescritura convencional. Se requiere una formación que abarque lo político, lo digital y lo tecnológico, clave para enfrentar las nuevas formas de dominación. Se necesita formar líderes comunitarios con un enfoque de educación popular, capaces de conducir las luchas por la tierra, la autonomía y la justicia social; fortalecer la resistencia organizada frente a la represión estatal; articular la pedagogía liberadora con la movilización social; y consolidar el proyecto de descolonización del Estado Plurinacional.
(*) Reynaldo Yujra Quispe es Investigador y educador















































































