ESCENA 1. Fencomin, la Federación Nacional de Cooperativas Mineras, EXIGE al presidente Rodrigo Paz designar hoy al nuevo ministro de Minería y mantener la cartera de Estado. Han pedido la posesión inmediata de un nuevo ministro y el respeto a la institucionalidad del sector.
ESCENA 2. A horas de la transmisión presidencial, un grupo de campesinos del departamento de La Paz, que dicen ser representantes de este sector, EXIGEN al presidente electo se les tome en cuenta en la conformación del gabinete ministerial. Piden los ministerios de Medio Ambiente y Desarrollo Rural. Argumentan que el área rural es responsable del 90% de los votos de la fórmula ganadora de las elecciones.
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ESCENA 3. El exdiputado Tomás Monasterios, EXIGE al nuevo Presidente Paz soluciones y menos discursos con arengas. Sin que hayan pasado 24 horas del acto de posesión de los nuevos mandatarios del país (se le podría llamar transmisión de mando si el anterior presidente se hubiera presentado, como manda la ley, a pasar los símbolos del poder en la ceremonia), el vocero de Libre indicó en sus redes que «el tiempo ya empezó a correr, el ‘¡viva la patria, carajo!’ no llena el tanque, tampoco la billetera». En sus mismas redes, le respondieron que el presidente acababa de jurar.
ESCENA 4. Los Ponchos Rojos EXIGEN a Rodrigo Paz que convoque a un referendo para levantar o no la subvención de combustibles. “El pueblo debe elegir si se levanta o no”, dice su representante. Advierte con un posible levantamiento de la ciudadanía si se elimina la subvención sin coordinar con las organizaciones sociales.
ESCENA 5. El expresidente Evo Morales EXIGIÓ que el nuevo mandatario reconozca y respete al vicepresidente Edmand Lara. “Rodrigo debía estar agradecido al ‘vice’, porque gracias a él ganó el PDC”, insistió.
Hay un país que está pidiendo ser escuchado. Hay un país que va a ir a tocar puertas para hacer conocer sus demandas. Un país entero está esperanzado en que las condiciones para desarrollar cualquier tipo de actividad mejoren. Debemos reconocer que las circunstancias en las que la dupla ganadora de las elecciones está tomando las riendas del país son favorables desde el punto de vista de lo que el público siente y espera (mejor no hablar en esta columna de todo lo que está pasando con las condiciones económicas en las que el nuevo gobierno está recibiendo el país).
Sin embargo, leer de buenas a primeras que uno y otro sector exigen, demandan y emplazan a un gobierno al que con suerte le han dado las llaves de las oficinas a atender sus demandas, hace pensar que es la única manera en la que éstas serán escuchadas. ¿Lo es en verdad?
Como sociedad, tenemos un serio problema en nuestra comunicación: nos hemos acostumbrado mucho a exigir, a demandar, a decir que estamos en nuestro derecho de solicitar algo, y hemos perdido la costumbre de revisar los actores, la situación económica, y otras variables que pueden hacer o no viable nuestro pedido. Nos hemos vuelto expertos en golpear la mesa sin antes haber saludado, habernos sentado y haber analizado el contexto actual. Un problema muy recurrente: el otro no existe, y si existe, qué me importa.
De las cosas que debemos hacer posibles en este tiempo nuevo en el que estamos entrando, está el establecer una nueva forma de relacionarnos. La crisis la estamos viviendo todos, y muy pocos realmente tienen derecho a exigir. Incluso ese derecho conlleva la obligación de ceder, de otorgar espacios y tiempos de comprensión. Recurriendo a Epícteto, tenemos dos orejas y una boca justamente para escuchar más de lo que hablamos.
(*) Martin Diaz Meave es publicista y comunicador estratégico
















































































