El cuento escrito por W.W. Jacobs, titulado “Pata de mono” narra la historia de un amuleto, una especie de talismán en una pata de mono, que tiene la facultad de conceder tres deseos. Si bien cada deseo se cumple, lo hace de una manera excesiva y terrorífica. En el cuento, el protagonista –el señor White– pide a la pata de mono su primer deseo: doscientas libras. Una vez que pide el deseo él espera ver el dinero caer del cielo o encontrarlo mágicamente en su bolsillo, pero no. A la mañana siguiente, mientras la familia White desayuna, un hombre se presenta a la puerta de casa, y se produce la siguiente conversación:
“La compañía me ha encargado que le exprese sus condolencias por esta gran pérdida. Le ruego que comprenda que soy tan sólo un empleado y que obedezco las órdenes que me dieron. Se me ha comisionado para declararles que Maw & Meggins niegan toda responsabilidad en el accidente. Pero en consideración a los servicios prestados por su hijo, le remiten una suma determinada. El señor White soltó la mano de su mujer y, levantándose, miró con terror al visitante. Sus labios secos pronunciaron la palabra: ¿cuánto? Doscientas libras, fue la respuesta”.
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Lo dramático viene después. La señora White exige a su esposo un nuevo deseo: que el hijo vuelva a la vida. Sin darse cuenta pide un muerto con vida, el desenlace es sombrío y espeluznante y muestra los límites no visibles de lo que desear puede suponer.
¿No es este cuento una lección sobre el denominado fetichismo de la mercancía? Karl Marx señalaba que en el comercio en el cual se ha puesto a la venta una mercancía, no se muestra cómo se la fabricó, es decir, se oculta a los ojos del consumidor la explotación de la que son víctimas los trabajadores que producen esas mercancías. Por ejemplo, una prenda de vestir de “marca” pero cuya etiqueta revela que fue fabricada en la India, Tailandia, Pakistán u otro país de maquilas con dudables condiciones laborales, la publicidad respecto a esta prenda de vestir no revela la situación precaria de los indios, pakistanís o tailandeses que fabrican estas prendas, no puede hacerlo pues la idea de la publicidad es lograr un consumo sin culpas.
Pero es aún más radical la reflexión de Jorge Luis Borges. Recordemos que para Borges, “Pata de mono” era uno de los mejores cuentos escritos, y en lo que a su contenido refiere se trataba de un cuento para reflexionar el trasfondo de lo que se desea. En Marx hay una ocultación de la explotación en la mercancía, una especie de ardid del capitalismo para lograr el consumo sin culpas y aggiornado, pero en Borges hay algo mucho más sombrío, pavoroso y horripilante: se sabe que sucederán cosas terribles en cada deseo, pero no hay ocultación, sino una especie de goce en la espera sobre lo terrible que va a suceder, sobre el futuro sombrío que sabemos que se acerca.
(*) Farit Rojas es docente investigador de la UMSA















































































