El día que felicitó a Rodrigo Paz Pereira, era visible su molestia; lo delataban sus palabras, sus gestos y también el rostro contrariado y compungido de su alfil político, el exsenador y exalcalde de El Alto Luis Vásquez Villamor. Fue Jorge Quiroga, el candidato derrotado, el que echó esa noche sombras a los resultados del domingo.
Si bien dijo que respeta los resultados del Sistema de Resultados Preliminares (Sirepre), de los que dijo “fueron anunciados con mucha elegancia”, afirmó que “había otra información previa que puede causar confusión”.
Antes, su militancia ya había arengado “fraude”. Incluso atacó un mitin de Edmand Lara, vicepresidente electo, en Santa Cruz. Más temprano, su aliado de última hora, Chi Hyun Chung, había sido uno de los primeros en hablar de fraude y mostrar unas papeletas.
El equipo de la alianza Libertad y Democracia (Libre) había esperado el anuncio en el hotel Europa. Para cuando habló Quiroga, luego de varios minutos de conocidos los resultados de la votación, ya tenía su posición: fraude.
Cuando Quiroga contó que llamó a Paz para felicitarlo, el equipo gritó “fraude, fraude”. Aquel quiso calmar las aguas, pero terminó dudando también sobre la votación. “No, por favor, yo entiendo el dolor que nos embarga, créanme que, si tuviésemos una evidencia sistémica, la pondríamos sobre la mesa”, dijo entre movimientos de su cuerpo de un lado a otro, casi bailongueando.
“Hay un escrutinio provisorio, vamos a esperar el escrutinio oficial; vamos a tener las actas, las vamos a contrastar”, adelantó Quiroga.
¿Provisorio? Si con el mismo Sirepre, la noche del 17 de agosto, se congratuló por ir a segunda vuelta.
¿Evidencia sistémica? En la línea de Quiroga, Vásquez solicitó ayer al Tribunal Supremo Electoral (TSE) la revisión de las actas, aunque dijo que no pretende hablar de fraude.
¿Qué pretende Quiroga? Las dudas están sembradas, a pesar de que el candidato se comprometió ante el TSE y la comunidad internacional a respetar los resultados.
Dicho pacto de no agresión también cuestionaba la guerra sucia, pero, nada más al salir de la reunión en Santa Cruz comenzó a infringir ese punto en particular. Lo llamó la “cláusula Lara”, en referencia al ahora vicepresidente electo, que se caracteriza por su estridencia.
Las dudas de Libre y Quiroga contradicen los informes de los observadores internacionales, que calificaron al proceso electoral de ejemplar y validaron los resultados.
Esa actitud empaña el proceso electoral y evidencia su integridad democrática como de quienes echan dudas sobre las elecciones.
Aunque sin mucha fuerza, existe una movilización en parte del país que cuestiona los resultados, similar a la de 2019, aunque con algunas diferencias: entonces, el mismo Luis Almagro fue gravitante en la anulación de las elecciones por presuntas irregularidades, las fuerzas políticas de oposición se alinearon al informe de la misión de observadores dependientes del uruguayo, el monopolio de los medio reprodujo la narrativa del fraude y la democracia quedó malherida con la caída del gobierno del expresidente Evo Morales.
Fue el mismo Quiroga quien admitió que hizo de agente de viajes de Morales para generar un “vacío de poder”, cuyo argumento sustentó el gobierno de facto de Jeanine Áñez.
Antes, en 1997, Quiroga “blanqueó” al dictador Hugo Banzer Suárez al acompañarlo en su fórmula electoral y resultar vicepresidente.
Rubén Atahuichi
es periodista.

















































































