El próximo 6 de octubre en Cobija se realizará el XVIII Congreso de la Central Obrera Boliviana (COB), tal motivo me impulsa a hacer algunas reflexiones.
La creación de la COB se dio en circunstancias históricas muy especiales: la conspiración del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) del 9 de abril fracasó y las masas en la calle continuaron la insurrección hasta derrotar al ejército oligárquico. Con las armas en la mano impusieron su programa: nacionalización de las minas, revolución agraria y voto universal, medidas anunciadas al proclamarse el triunfo revolucionario; el 17 de abril se fundó la COB y se autorizó la participación de ministros obreros en el gobierno. Así la COB nació como un instrumento político de las masas insurrectas, siendo los mineros su vanguardia, título ganado en los combates y su lucha política desde la masacre de Catavi en 1942. La insurrección puso al sindicato por encima del partido, práctica ensayada en 1947 cuando se conformó el bloque minero parlamentario.
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Cuando se dictó la nacionalización de las minas —31 de octubre 1952— se hizo concesiones a los barones del estaño: entre ellas el pago de indemnización con la producción de las minas. Esta venta comprometida inviabilizaba las fundiciones en el país, concesión que no evitó los ataques imperialistas, como la confiscación de los minerales exportados por la empresa estatal, la baja en el precio del estaño, el boicot en la provisión de insumos, etc.
La institucionalización de la revolución con el gobierno de Siles permitió el retorno de los golpistas al ejecutivo y a pesar de tener mayoría parlamentaria el bloque cobista, fue víctima del chantaje y la cooptación; así lograron implementar el plan Eder-Siles para la estabilización monetaria y el código Davenport para la entrega del petróleo; se impuso la burocracia estatal y el partido sobre el sindicato. El segundo mandato de Paz Estenssoro se centró en anular el control obrero. El plan que buscaba liquidar el movimiento sindical fue llevado a cabo por la dictadura militar de Barrientos que proscribió a los sindicatos, retiró a los dirigentes sindicales y convirtió los campamentos mineros en zonas militares.
La apertura democrática de 1969-1971 permitió evaluar el co-gobierno, resultado del cual se aprobó la Tesis Socialista y se agitó la consigna de la co-gestión obrera, la visión de construir una sociedad libre de la explotación del hombre por el hombre y comprometer a los trabajadores en la responsabilidad empresarial. Fue una época de oro de los sindicalistas.
La dictadura de Banzer cortó la iniciativa y el movimiento popular tuvo que cambiar su consigna por la defensa de la democracia y la constitucionalización del país; su lucha llevó a que se logre el retorno a un régimen democrático; con este propósito el sindicato, forjador de la recuperación de la democracia, fue desplazado por los partidos en el ejercicio del poder.
La crisis política de la izquierda en el poder (UDP) arrastró al movimiento sindical, que con el DS 21060 fue desarticulado, con el despido de miles de trabajadores, destruyendo los campamentos mineros, la producción industrial y los valores clasistas como la unidad y la solidaridad. La COB se debilitó y su lucha se redujo a la estabilidad laboral y el aumento salarial, viendo la flexibilización laboral como algo intocable.
El XVII Congreso realizado en Santa Cruz (2017) aprobó el apoyo al proceso de cambio, a cambio de impulsar un programa propio, particularmente la política minera. Ante la falta de este programa, el apoyo fue un coro de loas que pusieron a la COB como benefactores y no como protagonistas. El prorroguismo dirigencial y la ausencia del debate para construir un programa multisectorial y nacional han provocado la división en las organizaciones sindicales, la salida de varios sectores de su seno y la ausencia de nuevos lideres.
Hoy corresponde plantearse superar las debilidades orgánicas, ampliar la base con los obreros flexibilizados, unir a todos los sectores sociales en torno a un programa que sintetice los problemas de todos/todas, con base en el ejercicio de una democracia directa y participativa. ¡Que la COB vuelva a ser conductor del pueblo en defensa de sus intereses!
(*) José Pimentel Castillo fue dirigente sindical minero















































































