Hoy en día, la educación experimenta una transformación profunda impulsada por los avances tecnológicos. Esta nueva realidad exige repensar los contenidos y enfoques pedagógicos para responder a las necesidades de conocimientos que requieren los niños y adolescentes. Sin embargo, este proceso se vuelve problemático cuando los programas tecnológicos no están debidamente supervisados.
A pesar de ello, no se debe descuidar el estudio y la actualización de los contenidos que requieren las distintas etapas del desarrollo infantil y juvenil. Para lograrlo, es necesario que las escuelas se abran a la tecnología de manera responsable mediante programas educativos supervisados. Esta implementación tecnológica no solo facilitará la adquisición de nuevos conocimientos, sino también el manejo de equipos tecnológicos esenciales para desenvolverse en la era digital.
No cabe duda que la incorporación de la tecnología en la educación debe ir acompañada de la supervisión de un docente que oriente a los estudiantes en el uso adecuado de los recursos digitales. Solo así se podrá preparar a las nuevas generaciones para enfrentar los desafíos de la sociedad informacional, sin perder de vista la importancia de una formación crítica y ética.
En Bolivia, parece haberse olvidado la importancia de la transformación del conocimiento escolar. Una necesidad de ampliación y fortalecimiento de saberes, que hoy son más necesarios que nunca para garantizar la formación integral de la niñez y la juventud. No se trata solo de adaptarse a los nuevos tiempos, sino de prepararlos al desafiante futuro que les espera. Un mundo que demanda creatividad, pensamiento crítico y el dominio tecnológico.
En muchos países desarrollados se prioriza el aprendizaje activo y los métodos interactivos. Se fomenta la resolución de problemas y, lo singular, el pensamiento independiente y creativo. Estas prácticas han demostrado ser efectivas para formar individuos capaces de enfrentar los retos del siglo XXI.
En nuestro medio, hacia finales del siglo XX, se impulsaron reformas orientadas a transformar las prácticas educativas. Se promovieron métodos interactivos y nuevas estrategias que buscaban fomentar el pensamiento independiente y creativo del educando. Sin embargo, en las últimas dos décadas, el mundo ha cambiado drásticamente en lo que respecta a la adolescencia, y la educación no ha evolucionado al mismo ritmo.
Es evidente que hoy la reflexión educacional debe orientarse hacia la apropiación de conocimientos diversos y ello exige una educación que responda a las necesidades de conocimiento útil que exige la vida.
Dejemos de pensar que los niños y jóvenes no indagan o no necesitan cerrar las brechas de conocimiento actuales. Al contrario, cada vez más, se empoderan de herramientas que les permitan enfrentar los desafíos del presente mediante el conocimiento. La mejor forma de prepararlos para el futuro es brindarles acceso a saberes que les permitan tomar decisiones informadas y construir un proyecto de vida sólido.
La teoría nunca dejará de ser importante; sin embargo, hoy la tecnología ofrece la posibilidad de combinarla con la práctica, acercando con ello a los estudiantes, al mundo que ofrece experiencias reales. Asimismo, al desarrollo de habilidades sociales.
Con todo, no cabe duda que la educación debe evolucionar al ritmo de los tiempos. Solo así podrá formar ciudadanos capaces de transformar su entorno y construir un futuro, informado y tecnológico.
Patricia Vargas es arquitecta

















































































