Desde que llegó a la presidencia de la Cámara de Senadores, hace más de cuatro años, Andrónico Rodríguez ha adoptado una postura señorial, burocrática y alejada de sus seguidores, distinta a la que cuando apareció con fuerza en el ambiente político al salir asilado Evo Morales a México luego de su derrocamiento en noviembre de 2019.
Es difícil de abordarlo, raras veces aparece en entrevistas en los medios de información y, cuando acude a ellos, está bien resguardado. Quizás su investidura política lo haya obligado a actuar con esa ya sabida discreción.
Así discreto se mantuvo a la sombra de Morales desde al menos inicios de enero de 2020, cuando el exmandatario lo desplazó —asilado en Buenos Aires, Argentina— de la candidatura vicepresidencial de entonces, a pesar de que el ampliado de Huanuni lo había elegido en el binomio junto con David Choquehuanca.
Si bien Andrónico mantuvo silencio en los años que fue ratificado una y otra vez en su condición de tercer hombre del país, avalado siempre por Morales, el 22 de enero cortó el cordón umbilical al encarar a su mentor político en una concentración en el coliseo de La Coronilla.
Allí le dijo a Morales que no sea celoso de los jóvenes. Fue la primera vez que el senador se puso al frente del expresidente.
Sin embargo, hubo una segunda oportunidad que supuso el quiebre definitivo. El 3 de abril escribió en redes y se plantó directamente a Morales con una serie de preguntas que “el pueblo” debía juzgar: ¿Quién traicionó a quién? ¿Quién cometió el error al elegir al actual presidente, llevando al país a esta delicada situación? Hoy, ¿quiénes son responsables de la división? ¿Quién está en el camino equivocado?
A partir de entonces, su destino resultó marcado como candidato presidencial, aunque en eso también mostró mucha discreción. Solo se decantó cuando asistió a una serie de actos de proclamación en algunas regiones.
En adelante, sus actuaciones fueron muy discretas, sin declaraciones a los medios, apenas algunos mensajes en redes sociales, que —dicho sea de paso— no son profusos como los de Morales, y mucha incertidumbre respecto de su posición en relación a algunos hechos que ameritaban una explicación suya respecto de, por ejemplo, sus reuniones con Jhonny Fernández, Eva Copa o los representantes del Movimiento Al Socialismo (MAS), del que aún ese senador.
Blanco de duras críticas por la elección de Mariana Prado como su acompañante de fórmula, no salió al paso de los cuestionamientos a la mujer que, mientras fue ministra de Morales respaldó en los juzgados a un feminicida, William Kushner, menos se pronunció sobre las declaraciones de María Galindo, que le dijo que le va a hacer “la vida a cuadros” en la campaña.
Nada. de nada. Mientras estuvo en vilo la participación de Alianza Popular, la organización que lo acoge para las elecciones generales del 17 de agosto, tampoco dijo algo contundente ni explicó por qué, en ese momento complicado, retiró la lista de sus candidatos.
Tampoco quiso decir algo cuando fue invitado al foro de la Cámara Agropecuaria del oriente (CAO), aunque se justificó con que su agenda estaba apretada y que irá en otra ocasión.
Su silencio es desesperante para sus voceros, que intentan explicar su actitud, pero terminan justificándolo, como Patzi, que dijo que Andrónico prefiere hablar con su pueblo.
Si algo hay que atribuirle a la impronta de Andrónico es su capacidad de guardar silencio, que a estas alturas resulta demasiado ruidoso.
















































































