La increíble historia de las ciudades nos ha permitido descubrir un notable número de ellas, las cuales hoy revelan su singular y propio desarrollo. Un ejemplo destacado es la ciudad sagrada de Caral-Supe, ubicada en una meseta árida del valle del río Supe, en Perú.
Considerada sagrada por sus 5.000 años de antigüedad, Caral-Supe se presenta como una muestra sobresaliente de preservación a lo largo del tiempo. Uno de sus aspectos más sorprendentes son las plataformas monumentales de piedra y tierra que la componen. Estas incluyen áreas de formas singulares que probablemente fueron de uso público. Un claro ejemplo de ello es el área central, que resalta por su trazado casi perfecto y la organización de una explanada circular. Su ubicación invita a investigar su posible función ceremonial o pública. Lo fascinante de esta explanada es que, además de remarcar el conjunto arquitectónico, sugiere que pudo haber sido un lugar abierto destinado a la concentración de actividades grupales.
La historia actual relata que la civilización de Caral-Supe fue descubierta por la doctora Ruth Shady, quien reveló la existencia del asentamiento humano más antiguo del continente de América del Sur. Este sitio arqueológico es objeto de sorpresa, admiración y valoración, al punto de que la Unesco lo declaró Patrimonio de la Humanidad en 2009.
Es notable cómo Shady y su equipo, tras este trascendental hallazgo para la humanidad, percibieron la necesidad de capacitar a la población del Valle de Supe en el conocimiento histórico de esta ciudad ancestral. Su objetivo era transmitir datos verídicos y precisos a los visitantes y turistas de todo el mundo, a partir de una orientación que realza la riqueza histórica de este lugar. Sin duda, esta labor de transmisión del conocimiento es fundamental para todos los sitios arqueológicos ubicados en las diversas ciudades del planeta.
No podemos dejar de mencionar que, tras el descubrimiento, turistas de todo el mundo llegaron rápidamente al Valle de Supe para conocer la recién descubierta ciudad de Caral-Supe. Ésta abarca una superficie de 626 hectáreas de territorio y está conformada por dos zonas: el sector central, que alberga siete monumentales edificaciones, y un área circundante, que complementa su desarrollo (según datos publicados).
De esta manera, se deduce que la civilización de Caral ya contaba en su época con terrazas escalonadas, un salón ceremonial en la cima y un fogón en su centro. Este último era alimentado por un sistema de ventilación subterránea (de acuerdo con datos históricos). Además, no debe olvidarse la zona marginal, situada en la periferia, que se distribuía en forma de archipiélago.
En resumen, los 5.000 años de antigüedad de la ciudad sagrada de Caral la convierten en la civilización más antigua de América. Esto significa que existió mucho antes de la llegada de los europeos al continente americano.
Esa data se encuentra documentada en estudios que detallan pruebas de carbono-14 que se realizaron a las fibras vegetales de las bolsas de junco, lo que valida su antigüedad (según los registros del momento de su descubrimiento). Así, las distintas investigaciones fueron cruciales para revelar la complejidad y el desarrollo de esta civilización.
Para concluir, hoy la ciudad sagrada de Caral-Supe está encaminada a fortalecer su identidad histórico-cultural y de mostrar su legado al mundo.
Patricia Vargas es arquitecta.















































































