En 1789 corrió sangre y rodaron cabezas, literalmente. Ocurrió en Francia y esa revolución cambió el mundo por su gran influencia. Fue una trasformación profunda de un régimen monárquico a uno liberal que proclamaba libertad, igualdad y fraternidad entre los hombres. Sí, “entre los hombres”, porque las mujeres quedaron excluidas y ellas, que también encabezaron esa transformación, fueron traicionadas por los varones revolucionarios de la época. Desde entonces, las mujeres llevan a cabo un proceso de lucha permanente con logros trascendentales en lo que, se dice, es una revolución pacífica que tiene ya 300 años ¿Pero, es realmente pacífica?
La Revolución Francesa es el punto culminante del triunfo de la razón sobre la fe, es hija de la Modernidad y de la Ilustración, es cuando se comienza a hablar de “derechos del hombre” como universales. La ciudadanía, que implica reconocimiento con posibilidad de voto y elección, fue algo obtenido por las mujeres más de 200 años después y esto es un logro del feminismo. Si las mujeres votan hoy es porque las feministas se empeñaron en ello.
No hay que olvidar este paulatino goteo de conquistas revolucionarias feministas, como el derecho (que hoy está tan normalizado en gran parte del mundo) al acceso a la educación para las mujeres. Saber leer, acceder a una carrera y poder ejercerla e incluso enseñar es una conquista feminista fundamental.
El feminismo ha logrado que las mujeres tengan derecho al patrimonio, a ser propietarias, a que puedan abrir una cuenta bancaria sin supervisión de sus padres o maridos. Hoy parece absurdo que haya sido prohibido, pues sí, lo fue hasta hace pocas décadas. Lo mismo que el derecho a trabajar en campos negados tradicionalmente a las mujeres; ésa es una conquista que paulatinamente se va logrando y resta lograr un pago en iguales condiciones que los varones.
El matrimonio o el convento no son ya las únicas opciones para las mujeres, gracias a estos logros, y para las casadas se ha obtenido el ansiado derecho al divorcio, a no estar atada a un hombre a quien no se quiere y que, además, maltrata.
Se ha logrado tener derechos sexuales, la libre elección, conocer el propio cuerpo y disfrutar del sexo sin ataduras. La despenalización del aborto es una tarea pendiente, así como la cosificación y comercio del cuerpo de las mujeres.
Hoy, las violencias machistas están penadas legalmente gracias a las feministas. En Bolivia, la Ley 348 señala que se garantiza para las mujeres “el derecho a no sufrir violencia física, sexual y/o psicológica tanto en la familia como en la sociedad” y establece 17 tipos de violencia: física, feminicidio, psicológica, mediática, simbólica, sexual, económica, laboral, contra la dignidad, en el ejercicio de representación política, etc. Parte de ellas con sanción penal.
Ningún hombre ha pasado por todo esto, salvo en conjunto los hombres y mujeres de los pueblos indígenas y negros con sus particularidades. Se ha construido un sistema por y para los hombres, por eso se habla de patriarcado, y ese sistema se va horadando y poniendo en crisis. Los hombres ven que pierden sus privilegios y hay consecuencias también para las mujeres.
Se habla de una revolución pacífica porque en estos 300 años las mujeres no tomaron las armas contra los hombres. Pero no es pacífica, no lo es, ya que la pérdida de privilegios genera reacciones terribles y solo corre la sangre de las mujeres. Siguen siendo muy altos los datos de violencia machista (140 casos diarios denunciados) y de los feminicidios (84 en 2024). Siguen matando a las mujeres y, generalmente, es porque ellas quisieron dejar o dejaron a sus parejas; sin embargo, lo positivo es que hay una ley que sanciona y en el 89% de estos casos los culpables han sido identificados, detenidos con sentencia o de manera preventiva a espera de juicio.
Hoy hay hombres que van presos 30 años por matar a su mujer, por violar a alguien; pueden tener serios problemas por golpear a una mujer, por acosarla, por abusar de menores de edad. Cada vez hay mayor sanción social contra el ejercicio de las violencias machistas. En serio, ¿vale la pena meterse en esos problemas y arruinarse la vida?
En 1789 debía haberse resuelto esta situación, tanto dolor y sangre se habría evitado ¿Tanto les cuesta aplicar eso de la igualdad de derechos, obligaciones y responsabilidades? No se pide más.
















































































