En la Amazonía y la Chiquitanía, mujeres y hombres sostienen economías familiares, conservan los bosques y refuerzan la identidad de sus comunidades. Sin embargo, el aporte de muchas mujeres en la recolección, transformación y comercialización de productos del bosque ha sido menos visibilizado. Abrir más oportunidades para su participación fortalece las cadenas de valor y la conservación.
Más allá de su rol en la producción, su liderazgo impulsa modelos sostenibles que equilibran economía y conservación. ¿Cómo sus historias reflejan el impacto de fortalecer su trabajo en el futuro de los bosques?
En Riberalta, Mayerlin Hurtado lidera la certificación de la castaña amazónica bajo estándares de comercio justo. Gracias a su gestión, más familias acceden a mejores precios y pueden seguir viviendo del bosque sin degradarlo. Desde San Ceferino, Yuliana Chamo, con solo 20 años, se ha convertido en referencia en la recolección de almendra chiquitana, demostrando que la juventud también es clave en la sostenibilidad.
En la comunidad de Ipias, María Antonia Castedo logró que el pesoé, un fruto antes desaprovechado, ahora sea fuente de ingresos. Su liderazgo en la transformación del aceite de pesoé fortaleció la economía local y dio valor a un recurso del bosque seco chiquitano.
Estos ejemplos muestran que, cuando las mujeres acceden a oportunidades y espacios de decisión, los beneficios se multiplican. Cada vez más iniciativas buscan fortalecer su acceso a mercados, mejorar tecnologías y generar condiciones para que sus productos sean valorados en entornos urbanos. La conexión con nuevos actores dentro de las cadenas de valor ha ampliado opciones de comercialización.
A pesar de los avances, persisten retos. Muchas mujeres enfrentan dificultades para consolidar sus emprendimientos. Aunque crece la demanda por productos del bosque con valor agregado, es necesario fortalecer los circuitos de comercialización y sensibilizar a los consumidores urbanos.
También es clave abrir más espacios de decisión. Algunas han logrado participar en asociaciones productivas y redes de comercio justo, pero muchas siguen fuera de negociaciones clave sobre el manejo de los recursos naturales. Potenciar su rol en la gobernanza del bosque es una tarea pendiente y una oportunidad para consolidar un modelo de desarrollo sostenible.
Las cadenas de valor basadas en la naturaleza han demostrado ser una alternativa real para generar ingresos conservando el ecosistema. Las mujeres ya son fundamentales en este proceso, pero fortalecer su liderazgo sigue siendo clave para garantizar que estos modelos sean viables a largo plazo. El desafío ahora es escalar lo que ha funcionado. Ampliar su acceso a capacitación y recursos, garantizar que sus productos encuentren mercados que los valoren y consolidar alianzas que refuercen su rol en la economía local. Como ciudadanos, podemos contribuir eligiendo productos del bosque que promuevan la sostenibilidad, exigiendo mercados más justos y valorando el trabajo de quienes mantienen el equilibrio entre desarrollo y conservación.
Las historias de Mayerlin, Yuliana y María Antonia son solo una muestra de lo que las mujeres del bosque están logrando. Visibilizar su trabajo es el primer paso para construir un futuro donde su liderazgo sea reconocido y fortalecido como una vía para consolidar economías sostenibles y comunidades más resilientes.
Ruth Delgado es gerente de proyectos de Cadenas de Valor
y Producción Sostenible de la Fundación Amigos de la Naturaleza.
















































































