Bolivia atraviesa un escenario de creciente conflictividad social que aglutina múltiples demandas económicas y sectoriales en distintos departamentos; sin embargo, grupos afines al evismo radicalizaron las movilizaciones en La Paz y El Alto con pedidos políticos, como la renuncia del presidente Rodrigo Paz.
Paz y el vicepresidente Edmand Lara ganaron la segunda vuelta de las elecciones generales de 2025. En la contienda disputaron la Presidencia con Jorge Tuto Quiroga.
Este miércoles, algunos sectores radicales aseguraron que ni siquiera Lara “tiene la capacidad” para gobernar; por ello, exigieron la renuncia de toda la estructura de poder elegida en las urnas y plantearon que el Vicepresidente se limite únicamente a convocar nuevas elecciones generales.
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“Lara que llame a elección. Él no puede manejar porque no es capaz. Solo que llame y ya nosotros pensaremos quién va a ser nuestro Presidente, pero tiene que ser de nuestra raza. Ya no esa gente de cuello blanco”, dijo un bloqueador.
La presión social aumentó en los últimos días tras el acuerdo entre dirigentes campesinos, Ponchos Rojos y sectores sindicales, que decidieron radicalizar las medidas de presión. La Policía reportó bloqueos en avenidas estratégicas de El Alto y cortes en rutas que conectan La Paz con Oruro, Yungas, Copacabana y Desaguadero.
En paralelo, otras organizaciones afines al evismo impulsan la denominada “Marcha por la vida y para salvar Bolivia”, movilización que partió desde Caracollo con destino a la sede de Gobierno para exigir cambios políticos y denunciar una supuesta persecución contra Evo Morales.
El conflicto también sumó a cooperativistas mineros, transportistas y otros sectores sociales que reclaman soluciones a la crisis económica, el abastecimiento de combustibles y el incremento del costo de vida. Algunos dirigentes aclararon que sus demandas son sectoriales y no buscan la renuncia presidencial, aunque mantienen apoyo a las protestas.
Mientras tanto, el Gobierno intenta instalar espacios de diálogo y contener la crisis; sin embargo, las movilizaciones mantienen cercada parte de la sede de Gobierno y elevan la tensión política en el país.





















































































