La analista internacional Angélica Coca Ramos considera que el reciente acercamiento entre Bolivia y Chile responde a una coyuntura más que a un cambio estructural en la relación bilateral. En su criterio, el contexto económico condiciona este giro diplomático y lo sitúa en una posición desfavorable frente a su vecino.
“No creo que sea un cambio estructural, sino una medida casi desesperada del gobierno boliviano”, afirmó en entrevista con La Razón.
Desde su perspectiva, la relación entre ambos países es asimétrica, especialmente en el ámbito económico y logístico. “Existe una balanza comercial favorable a Chile y conglomerados chilenos que manejan las redes de importación, transporte y seguros”.
Advirtió que esta estructura genera mayores costos para empresas bolivianas, sobre todo en escenarios de crisis o interrupciones en la cadena logística.
Coca también cuestionó el alcance del concepto de confianza que se promueve desde el discurso diplomático. “Cuando se habla de confianza, en realidad se habla de un tema operativo, de control territorial y de la criminalidad en frontera”.
En esa línea, sostuvo que Bolivia debe fortalecer su capacidad institucional si busca negociar en mejores condiciones. “Lo más importante es que Bolivia demuestre que tiene una capacidad de control y de gestión coherente de las fronteras”.
Respecto a las medidas en frontera, como la construcción de zanjas, Coca aseguró que se trata de una medida “ilógica, con impactos incluso en la biodiversidad”. En sus palabras, estas acciones no responden a una lógica de cooperación, sino a una política interna chilena enfocada en el control migratorio.
Pese a ello, reconoció que existen espacios para la coordinación bilateral, aunque condicionados. “Sí se puede trabajar en coordinación, por ejemplo con herramientas tecnológicas para enfrentar la criminalidad, pero eso tiene que venir acompañado de cambios internos en Bolivia”, explicó.
Coca planteó que el problema de fondo radica en la falta de una visión estratégica de país. “Bolivia no tiene un norte claro en política exterior porque tampoco tiene un modelo de desarrollo definido”





















































































