A pocos días de la segunda vuelta para la Gobernación de Santa Cruz, el escenario electoral se configura en un clima de desgaste político, fragmentación y ausencia de liderazgos sólidos, según el análisis del politólogo Hernán Cabrera.
Consideró que la contienda entre Juan Pablo Velasco (Libre) y Otto Ritter (Santa Cruz Para Todos), lejos de mostrar una disputa programática clara, refleja tensiones acumuladas y una ciudadanía que observa con escepticismo a sus opciones.
Cabrera sostuvo que el proceso electoral cruceño se desarrolla en un contexto marcado por el debilitamiento de las estructuras políticas tradicionales. “Hay una crisis de representación evidente. Los actores políticos no logran conectar con las demandas reales de la población”, señaldijo en entrevista con Piedra, Papel y Tinta, de La Razón.
A su juicio, esta desconexión se traduce en campañas con escasa profundidad y centradas más en la confrontación que en propuestas.
El analista advierte que la actual coyuntura no solo responde a factores locales, sino también a un desgaste general del sistema político boliviano.
En Santa Cruz, esta situación se agrava por disputas internas en los bloques políticos y por la falta de renovación efectiva de liderazgos. “Se percibe una especie de reciclaje político, donde las figuras no terminan de consolidar credibilidad ni generar entusiasmo”, observó.
Asimismo, apuntó que la segunda vuelta aparece como un proceso decisivo, aunque condicionado por la apatía ciudadana.
Cabrera identificó un electorado dividido, que podría inclinarse más por el rechazo a una candidatura que por un respaldo convencido. “No hay una narrativa fuerte que movilice. Eso debilita la legitimidad del futuro gobernador”, afirma.
Otro elemento que incide en el panorama es la relación entre el nivel departamental y el nacional. Según el analista, las tensiones políticas entre regiones y el gobierno central influyen en la percepción del votante, que demanda mayor coordinación y resultados concretos. Sin embargo, los candidatos no han logrado posicionar con claridad cómo gestionarán esa relación.
De cara al balotaje de este 19 de abril, Cabrera consideró que el desafío principal será recuperar la confianza ciudadana. Para ello, remarcó la necesidad de que las autoridades electas prioricen la gestión, la transparencia y la capacidad de articulación política. “El próximo gobernador tendrá que gobernar en un contexto complejo, con alta presión social y baja tolerancia a errores”, advirtió.
Así, Santa Cruz se encamina a una votación clave, en la que no solo se definirá una autoridad departamental, sino también el rumbo político de una región estratégica, en medio de señales de desgaste y la urgencia de nuevos liderazgos.




















































































