La fragmentación en los concejos municipales y las victorias electorales con bajos porcentajes obligarán a los alcaldes a negociar cada decisión, en un entorno donde el equilibrio entre fiscalización y bloqueo será determinante para el éxito o fracaso de la gestión.
Luego de las elecciones subnacionales del 22 de marzo, la nueva configuración política de los gobiernos municipales abre un escenario complejo para la gobernabilidad de aquellos alcaldes que resultaron electos con poco respaldo electoral.
Concejos municipales
“Va a influir muchísimo. No es lo mismo gobernar con una victoria arrasadora que con una victoria mínima”, afirma la analista Susana Bejarano en entrevistada por La Razón.
En su criterio, los resultados en ciudades como La Paz y El Alto marcan un punto de partida débil para los nuevos alcaldes. “César Dockweiler ganó La Paz con 23,72% y en El Alto Éliser Roca con 19,75%; eso habla de alcaldías nacidas en minoría relativa, obligadas a pactar cada paso”, señala.
El contraste, agrega, está en municipios como Santa Cruz de la Sierra, donde el respaldo electoral que obtuvo Manuel “Mamén” Saavedra permite prever una relación más fluida con el Concejo. Sin embargo, advierte que una mayoría amplia no garantiza una gestión exitosa.
Gestión
Asimismo, dijo que la necesidad de acuerdos será la regla en los concejos fragmentados. “La primera estrategia será pactar por proyecto y no creer que la elección basta”.
En su criterio, los alcaldes sin mayoría deberán construir “mayorías móviles”, que implica negociar de manera constante cada norma, obra o ajuste presupuestario.
En la misma línea, el analista y exministro de Defensa Reymi Ferreyra advierte que este escenario no es nuevo, pero sí recurrente. “Generalmente han sucedido tres cosas: el alcalde coopta a los concejales de otros partidos de forma clientelar, realiza pactos de gobernabilidad o gobierna de espaldas al Concejo Municipal”, explica.
Consensos
Para Ferreyra, la experiencia sugiere que los acuerdos de gobernabilidad son indispensables para evitar la parálisis institucional. Sin embargo, subraya que el desenlace dependerá del comportamiento de las fuerzas políticas. “Si existen organizaciones con madurez política y sentido de responsabilidad, puede que no haya ingobernabilidad; de lo contrario, pueden producirse situaciones críticas”, advierte.
El trasfondo de esta nueva dinámica es, según el analista Carlos Saavedra, el fin de un ciclo político. En su lectura, la fragmentación actual refleja la ausencia de un proyecto dominante, lo que complica la relación entre los órganos Ejecutivo y Legislativo.
“Cuando hay una contradicción entre el Órgano Ejecutivo y el Legislativo, se complejiza la agilidad de la gestión pública”, sostiene.
Pactos
A su juicio, el desafío central será construir equilibrios y acuerdos en un contexto económico adverso, donde la eficiencia en la gestión es clave.
También señala que, en algunos casos, la consolidación de pactos no responde a visiones de desarrollo, sino a repartos de poder. “Muchas veces esos pactos terminan en el cuoteo de las entidades ejecutivas. Significa partir el poder”, señala.
Otro de los puntos “críticos” que advierte Saavedra tiene que ver con con la fiscalización, de la que dijo que no debe implicar un “bloqueo” a la gestión.
Desde una mirada estructural, la socióloga María Teresa Zegada identifica tres tipos de configuraciones en los concejos municipales: mayorías absolutas, fragmentación dispersa y escenarios polarizados entre dos fuerzas. Cada uno implica desafíos distintos para la gobernabilidad.
Distribución de poder
En su visión, los alcaldes que tuvieron amplio respaldo electoral gozarán de gobernabilidad, pero no de una fiscalización objetiva.
Sin embargo, en los concejos fragmentados —como La Paz y El Alto— la dinámica será mucho más compleja. “Para cada decisión, el alcalde tendrá que desplegar estrategias de negociación para obtener el voto necesario”, afirma.
Zegada también advierte sobre el riesgo de que los acuerdos respondan a intereses coyunturales. “Es deseable que sean programáticos, pero muchas veces predomina una lógica instrumental”, señala. En ese escenario, el intercambio de favores o cuotas de poder puede imponerse sobre la discusión de políticas públicas.
La ejecución presupuestaria será uno de los ámbitos más sensibles. Bejarano advierte que, en contextos de debilidad política, “el presupuesto corre el riesgo de volverse moneda de cambio”. Esto puede derivar en retrasos, distorsiones en la priorización de obras e incluso paralización de proyectos.
Negociaciones
Saavedra coincide en que el impacto puede ser profundo. “Nada puede avanzar si no hay aprobación presupuestaria del Concejo”, señala, al advertir que la falta de acuerdos puede derivar en “escenarios de catástrofe local”.
A pesar de los riesgos, los analistas coinciden en que la gobernabilidad es posible si se logra salir de la lógica electoral. “Se debe esperar madurez política de vencedores y vencidos”, plantea Saavedra. Esto implica priorizar agendas comunes y construir consensos mínimos que permitan viabilizar la gestión.
Ferreyra, por su parte, resume el desafío en una idea central: la gobernabilidad dependerá menos de los números y más de la conducta política. “Cada municipio es una realidad independiente”, afirma, al destacar que el comportamiento de los actores será decisivo.
Acuerdos
En definitiva, el nuevo mapa político municipal configura un escenario de alta incertidumbre.
La fragmentación puede abrir espacios para una fiscalización más activa, pero también para bloqueos y conflictos. Entre pactos, tensiones y negociaciones, la gobernabilidad dependerá de la capacidad de los actores para anteponer la gestión pública a la disputa política.
Si bien las alcaldías y concejos municipales ya están configurados, hay un desafío sobre hacer sostenibles las gestiones.





















































































