La Asamblea Legislativa que acompañará el inicio de gestión de Rodrigo Paz se perfila como una de las más fragmentadas de los últimos años, pese a los anuncios de respaldo por parte de las alianzas de Samuel Doria Medina y de Jorge Quiroga.
Su composición marcada por alianzas heterogéneas, liderazgos en disputa y la ausencia de partidos institucionalizados plantea un panorama complejo para la gobernabilidad del nuevo presidente. Aunque el Partido Demócrata Cristiano (PDC) logró imponerse en las urnas, su triunfo no le garantiza control político pleno: detrás de su bancada se agitan corrientes internas, lealtades cruzadas y tensiones que amenazan con condicionar el arranque del gobierno.
Fragilidad
En medio de un escenario económico delicado y una sociedad fatigada por la polarización de los últimos años, la nueva Asamblea es reflejo de la desestructuración del sistema político boliviano. Así lo advierten tres analistas en La Razón —Susana Bejarano, Carlos Saavedra y Reymi Ferreira—, quienes coinciden en que la fragilidad institucional y la dispersión de intereses dentro del parlamento podrían poner a prueba la estabilidad del gobierno entrante.
Para Bejarano, el problema es estructural y se arrastra desde hace décadas: “La Asamblea Legislativa, aunque es el primer poder del Estado, convive con un poder Ejecutivo tremendamente poderoso. Bolivia es un país híper presidencialista, donde la figura del presidente es el poder de los poderes. No existen mecanismos para frenar la voluntad presidencial, ni desde lo normativo ni desde la cultura política”, señala la analista política.
Remarca que el parlamento boliviano nunca logró afirmarse como un contrapeso real al Órgano Ejecutivo. “No existen agendas legislativas autónomas. En general, las iniciativas están sujetas a la voluntad del Ejecutivo y a sus informes. El trabajo parlamentario se reduce a aprobar o rechazar lo que viene desde el Gobierno, lo que deja poco margen para la deliberación independiente”, añade.
Dispersión
Bejarano advierte que esta subordinación estructural se combina con una precariedad de perfiles. “Muchos de los nuevos legisladores desconocen sus funciones. Vimos candidatos prometiendo carreteras o puentes, atribuyéndose competencias que no corresponden. Hay representatividad, pero no necesariamente capacidad. El Parlamento no ejecuta obras; su función es legislar y fiscalizar, pero incluso eso parece diluirse cuando las bancadas se subordinan al Ejecutivo o a sus propios cálculos de poder”.
Esta semana se vio el primer “episodio de fragilidad” en la alianza Libertad y Democracia (Libre), del excandidato Jorge Quiroga, cuando su senador cruceño Branko Marinkovic lo acusó de imponer el “dedazo” luego de que sus colegas Tomasa Yarhui y Rafael López hayan sido designados como jefes de bancada en Senadores y en Diputados.
“Esto hay que enderezarlo para la siguiente semana, sino esta alianza va a ser de corto plazo”, desafió.
Quiroga respondió: “Todo el mundo tiene derecho a decir todo lo que quiera (…). Vamos a trabajar por el país y de temas internos se habla adentro (de su alianza). Yo no pierdo un segundo hablando de eso afuera”.
Asamblea Legislativa
A esta debilidad institucional en las fuerzas políticas y la Asamblea como tal se suma un factor coyuntural que puede incidir directamente en la gobernabilidad: las tensiones internas dentro del propio PDC. “Habrá que ver cómo se resuelve la tensión entre Edmand Lara y Rodrigo Paz”, advierte Bejarano.
“El Vicepresidente, según la Constitución, debe ser el puente entre ambos poderes, pero esa figura puede traer más problemas de gestión que soluciones”.
Por su parte, el analista Carlos Saavedra coincide en el diagnóstico de fragilidad, aunque lo explica desde la crisis del sistema de partidos. Considera que el sistema político está desestructurado, que no hay institucionalidad partidaria y que la mayoría de los frentes que compiten en las elecciones son más bien “juntes electorales”.
En su criterio, las fuerzas políticas no comparten una ideología ni una visión común de país, sino que se agrupan coyunturalmente alrededor de ciertos liderazgos.
“Si no tienes partidos institucionalizados, no vas a tener una Asamblea institucionalizada”, advierte Saavedra.
“Cada bloque responde a intereses fragmentados. Incluso dentro del partido ganador hay al menos tres subgrupos: los que responden a la línea tradicional del PDC, los cercanos a Edmand Lara y los afines a Rodrigo Paz. En una sola bancada tienes tres lógicas distintas, y lo mismo pasa en Libre o Unidad. El MAS también llega fragmentado”.
Bancadas
Esa dispersión interna anticipa negociaciones constantes y una compleja aritmética para lograr consensos.
La falta de una mayoría clara, explica Saavedra, puede derivar en parálisis legislativa. “Es muy difícil gobernar sin Asamblea, y más aún en una situación de crisis económica. Basta recordar lo que pasó con el gobierno de Luis Arce”, recuerda el analista.
Explica que, en la Asamblea saliente, la falta de mayoría derivó en bloqueos, especialmente en la aprobación de créditos, aunque reconoció que hubo una asfixia deliberada. “Ahora todos aprueban los préstamos que antes se rechazaban, lo que muestra que la disputa política se impuso al sentido de Estado”, explica.
Para Saavedra, el nuevo escenario puede repetirse si no se construyen acuerdos sostenibles. Sostiene que los partidos minoritarios pueden ser decisivos.
Acuerdos
Bejarano no descarta esa posibilidad, aunque considera que el principal desafío de Paz está dentro de su propio campo. “El problema del PDC es interno más que externo. Si no logra ordenar sus tensiones, puede tener problemas de gestión parlamentaria. Sin embargo, si consigue integrar a sus aliados —Unidad y Libre—, no debería tener dificultades para aprobar sus leyes, porque sus programas no difieren tanto. De hecho, el equipo económico de Samuel Doria Medina es hoy el mismo que acompaña a Paz, y parece tener más influencia que la propia dirigencia parlamentaria”.
En ese sentido, la politóloga advierte que los acuerdos “sin condiciones” que se mencionan entre estas fuerzas son una ilusión. “Nada es sin condiciones; hay intereses de poder detrás de cada alianza, y si no se distribuyen bien los espacios, las tensiones aparecerán pronto”, comenta.
Sistema de partidos
Desde otra mirada, el analista y exministro Reymi Ferreira considera que la nueva Asamblea no necesariamente reproducirá los bloqueos del pasado reciente, aunque reconoce que la debilidad del sistema de partidos sigue siendo el núcleo del problema. “La mayor debilidad es el fraccionamiento. Lo que hay son alianzas, pegamentos, grupos que una vez llegados al parlamento harán su propia agenda. No hay partidos orgánicos como antes. Ni siquiera el MAS conserva esa estructura”, señala.
Ferreira explica que esta lógica se repite en casi todas las bancadas con representación legislativa.
Pese a ello, el exministro no anticipa una obstrucción sistemática. “No creo que haya bloqueos como antes. El gobierno (de Rodrigo Paz) tiene una mayoría sólida con sus aliados y puede lograr nuevas alianzas. Tiene margen de maniobra”, asegura.
Polarización
Aun así, Ferreira lanza una advertencia que coincide con los otros analistas: la experiencia de la polarización reciente debe servir como lección. “En gran parte de lo que hemos vivido estos últimos dos años se debe al bloqueo legislativo. Como por arte de magia, en los últimos días se aprobaron más de mil millones de dólares en créditos, bajó el dólar y se normalizó el combustible. Eso muestra que hubo una consigna política de frenar la gestión. El resultado fue terrible. La polarización destruyó los puentes de diálogo y afectó a la población”.
Si bien la gestión legislativa, cuya última sesión se celebró el viernes, estuvo marcada por la atomización y el quiebre de bancadas, también hubo un bloqueo de una serie de leyes, la mayoría a los créditos internacionales. Así lo lamentó el presidente nato de la Asamblea Legislativa, David Choquehuanca, en la mencionada sesión.
“Dejemos de destruirnos entre bolivianos. Destruyamos la corrupción, la división, las mentiras, el fanatismo y el egoísmo. Que se gobierne siempre escuchando al pueblo”, dijo al clausurar el periodo legislativo 2020-2025.
Los nuevos legisladores asumirán funciones el 8 de noviembre, con la tarea de legislar en unidad.
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