El papa León XIV viajará el sábado a Mónaco para una visita relámpago de un día, marcada por el contraste entre su sensibilidad social y la fastuosidad de los casinos y yates del principado católico.
El anuncio del viaje del papa estadounidense al territorio de 2 km² encajado entre el mar y la montaña, más conocido por sus exiliados fiscales que por su compromiso religioso, desconcertó a los observadores.
La visita de ocho horas, la primera de un papa al principado en la era contemporánea, pone de relieve los vínculos históricos entre los dos Estados más pequeños del mundo.
Mónaco, donde el catolicismo está inscrito en la Constitución, mantiene con la Santa Sede una relación que data de la Edad Media. Y una convergencia de intereses diplomáticos que incluye el diálogo interreligioso y la preservación ambiental.
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Mónaco
Tales coincidencias convencieron a León a aceptar la invitación del príncipe Alberto II para hacer de Mónaco el segundo destino internacional de su pontificado. Así como el primero de Europa, tras su elección en mayo de 2025.
El líder de los católicos tiene previsto efectuar en abril una gran gira a África.
A una semana de la Pascua, principal fiesta del calendario cristiano, la visita permitirá medir la popularidad del pontífice. Más discreto que su antecesor Francisco, entre los fieles franceses.
Para Philippe Orengo, embajador de Mónaco ante la Santa Sede, este viaje histórico también se interpreta a la luz del resurgimiento del interés por la fe católica.
El papa «ha querido ver por sí mismo lo que sucede en Mónaco, donde este movimiento de renovación se funda en una fe asumida. Sobre una piedad y una devoción popular inclusivas», declaró Orengo a la AFP.





















































































