El presidente colombiano Gustavo Petro espera lograr un borrón y cuenta nueva con el estadounidense Donald Trump este martes en la Casa Blanca, en su primer y quizás último encuentro personal
Primer productor de cocaína del mundo, Colombia necesita el apoyo de Washington para mantener la presión militar en las zonas de cultivo, y para ello es muy importante la certificación de su lucha antinarcóticos, que perdió el año pasado, por segunda vez en cuatro décadas.
Trump a su vez necesita que Colombia asegure de forma estable la recepción de millas de migrantes indocumentados, producto de su campaña de deportaciones, en momentos en que recibe fuertes críticas de la oposición.
Bogotá anunció la semana pasada que se reanudarán los vuelos en aeronaves colombianas, después de ocho meses de interrupción.
El presidente Petro también autorizó la extradición de un capo narcotraficante, Pipe Tuluá.
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Casa Blanca
Adeptos a las redes sociales y a las largas diatribas, ambos mandatarios han hecho esfuerzos para reducir la tensión desde su inesperada llamada telefónica del 7 de enero, en la que acordaron esta cita
Pero ambos son impredecibles ante la prensa, y la Casa Blanca mantiene la reunión en perfil bajo.
«Vamos a hablar de drogas, porque cantidades de drogas salen enormes de su país», declaró Trump a periodistas la víspera del encuentro.
Aunque ambos son afines al tono coloquial y populista, todo lo demás separa a ambos mandatarios. Petro es un exguerrillero que quiere mantener en alto la voz de la izquierda en el continente, que entró en un ciclo claramente conservador.
Trump es el líder que resucitó la doctrina Monroe, de intervencionismo en la región. Al punto de que obliga a todos sus vecinos del Sur a posicionarse: a favor o en contra de Estados Unidos.





















































































