Introducción: se juega el despropósito de la Copa en fin de semana y el hincha abandona los estadios. ¿Acaso este torneo no se iba a disputar entre semana? No hay más de mil personas en el IV Centenario de Tarija para ver un Real Tomayapo vs The Strongest.
Monasterio repite su onceno tipo (excepto John García, baja por amarillas). El resto son los mismos: Altamirano y Lino en los laterales; Jusino y Pedraza, centrales; Quiroga y Arrascaita en el doble cinco; Amoroso y Chura por los costados; Sotomayor de enganche y Godoy de nueve. Nada nuevo bajo el sol. Tampoco hay más.
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Los dos únicos fichajes (Chávez y Salvareschi) todavía no son habilitados. Banegas deja su sitio en el arco a Torres (que volverá a dejar dudas). El entrenador argentino del equipo chapaco es Daniel Sagman, ex asistente del anterior técnico, su compatriota Pablo Rubinich.
Nudo: la primera parte se juega a ritmo de copa. Es un Tigre apático, sin fútbol. Lo único llamativo es otra chilena de Jusino. En una pelota peleada por Godoy (su mayor virtud) llega el cero a uno, gracias a un pase de Amoroso que se cambia de banda pues Chura sigue con la cabeza en otro parte. El gualdinegro se mete atrás; es el estilo de Monasterio que comenzamos a ver con los laterales prohibidos de subir.
Así, deja crecer a los tarijeños que con casi nada remontan el “score” gracias a un fallo defensivo de la visita y un penal que solo ve el árbitro (el mismo señor que unos minutos antes en un gesto inaudito ordena levantar el banderín a su línea en un inexistente “off side”). ¿Son muy malos los árbitros? Solo están a la altura de la mediocridad.
Desenlace: Monasterio mira la banca y no hay nada. No tiene delanteros ni enganches. Y en todo el plantel, solo hay un cinco (Quiroga) que lo juega todo (entrará al final en su lugar el panameño Ayarza que grita titularidad).
A la hora se va Chura y salta Quaglio que en cinco minutos hace más que el 23 todo el partido. Con otro penal que no es llega el empate. Entonces Santiago Melgar (de 20 años y formado en Oriente Petrolero) se pone de enganche (por un Sotomayor que no lo es). El Tigre no tiene más.
Una “contra” chapaca desnuda otro hándicap del Tigre: Lino ni defiende ni trepa. El empate final llega con otro penal por agarrón en el área que convierte Arrascaita, el hombre que se multiplica para estar en todos los lados (de mixto y de enganche).
Post-scriptum: Monasterio aceita su idea -el fútbol vertical- y toca teclas para hacer de la necesidad, virtud; de la carestía, fortaleza psicológica. No queda otra que apretar filas, la única forma de competir en esta pobreza franciscana que rima con desigualdad de condiciones.
(27/07/2025)















































































