Introducción: es el segundo partido de la fase de grupos y es una “final” para Bolívar y Sporting Cristal. Ambos vienen de perder, ambos tienen entrenadores con la soga al cuello. Claure colocó innecesariamente una presión extra sobre Robatto: “si pierde, habrá consecuencias”. La noche es fría pero la hinchada celeste llena la curva y casi la recta. Hay hinchas de Cristal en la sur.
Robatto no sacrifica ese 4-3-3 que deja muy desprotegido su defensa. Coloca a Rocha y Ervin en los laterales (¿y Paz?); y a los hermanos Sagredo en la zaga central. El técnico visitante, el también argentino Guillermo Farré, dispone un dibujo ofensivo con tres delanteros y un armador; necesita puntuar.
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Nudo: la primera parte es de dominio bolivarista (con un porcentaje de tenencia de pelota del 70%). El “score” parcial dirá dos a cero; gracias al talento de Ramiro Vaca (con otro golazo inventado por el once que juega de diez). La presión alta, marca de la casa Robatto, vuelve a exponer y a partir al equipo. A las espaldas de Justiniano, hay un mundo que aprovecha un Cristal directo y frontal.
¿Qué idea se le ocurre al técnico bolivarista? Meter al medio a su lateral Ervin Vaca para ayudar a “Justi”. ¿Qué provoca este desajuste/desbarajuste? Que el costado por izquierda sea una invitación para el rival. Que por momentos (parecerá que) Bolívar defiende con línea de tres. Que la banda zurda sea toda para un marcado “Patito”, que no siente el extremo. Las facilidades defensivas del equipo de Robatto -con su zaga mal parada casi siempre- no cesan. Su gran volumen ofensivo (con Ramiro y Tonino, por derecha), tampoco.
Desenlace: la segunda parte ve a otro Bolívar, aún más superior. Es un equipo más compacto, con las líneas más juntitas; es menos largo; tiene más equilibrio. Presiona mejor, asfixia más; recupera tras pérdida. Quiere matar el partido porque sabe que el dos a cero es el “score” más peligroso. Los “cerveceros” entregan la cuchara por falta de condición física. Entonces, un encendido/bendecido Ramiro regala otro golazo (el cuarto en dos partidos consecutivos de la Libertadores). Corre a la banda para celebrar con la banca y es abrazado con entusiasmo por Robatto. Sabe el argentino que el diez que juega con la once le ha salvado la cabeza. El «score» final (con tantos palos, cinco) quedará corto.
Post-scriptum: Ramiro es de esos jugadores que pagan una entrada; es de esos que (solo) mete goles hermosos. El nivel de la liga boliviana no está para él. Vaca viene/está/vive en otro planeta. Volvió de un equipo ascensor-chico de Bélgica pero ahora merece un mejor destino. Cuando te vayas, te extrañaremos, Ramiro, Ramiro.















































































