La Fiesta Mayor de los Andes trae la inauguración de la exposición fotográfica y de matracas “Cultura, historia y tradición – Gran Poder del Bicentenario”, que fue presentada en el segundo nivel del Palacio Consistorial y estará abierto a todo publico hasta fin de mes.
En la presentación estuvieron presentes el presidente del concejo, Lucio Quispe, Lourdes Chambilla, secretaria del concejo y el concejal Javier Escalier, quienes destacaron imágenes fotográficas que capturan medio siglo de historia y transformaciones en la Festividad del Gran Poder, una de las expresiones culturales más representativas de La Paz. Las imágenes, muchas en blanco y negro, no solo retratan a los morenos y chinas de las primeras comparsas, sino también una ciudad distinta: con arboledas densas, calles adoquinadas que brillaban al paso de los danzarines, y trajes tradicionales que fueron evolucionando.
Entre los registros más significativos se encuentra la primera tropa de cholas que danzó por el centro paceño, cuando la morenada aún era considerada bastión exclusivo de los sectores indígenas y su presencia en el centro urbano era impensable. “Estas fotos muestran un momento en que las mujeres aún no bailaban, y el centro de la ciudad aún no era nuestro”, señaló Escalier al periódico Extra.
David Ibañez, el artesano que da vida a la fe con madera y tradición, se lucen matracas en formas de máquina de coser, radio antigua, un parlante, lata de cerveza de la morenada Los Maquineros de la Eloy Salmon. “Mientras tenga fuerzas, seguiré haciendo matracas. No sé hacer otra cosa, y no quiero hacer otra cosa”, aseguró Ibañez, artesano paceño que ha dedicado más de medio siglo a transformar bloques de madera en instrumentos que resuenan con el alma de las festividades religiosas bolivianas.
Una gran variedad de diseños que van desde barcos y televisores, hasta quirquinchos, dientes y vehículos antiguos, Ibañez ha llevado el arte de las matracas a un nivel extraordinario. El artesano contó que le piden de todo, pero “siempre les pongo corazón, porque cada matraca tiene su historia, su ritmo y su dueño. No trabajo en lata porque la madera tiene mejor caja de resonancia”.
El proceso empieza por lo esencial: “Primero se selecciona buena madera y lo más importante es que esté seca. Si compráramos húmeda, debemos hacerla secar. Luego cortamos en tablitas, comenzamos a armar, le damos el afinado, los ángulos, con un acabado más artesanal”, explica con precisión Ibañez. El arte de las matracas merece mayor apoyo y visibilidad. Más allá del sonido, cada creación de David Ibañez es una expresión de devoción, arte y resistencia cultural. Y mientras su taller siga en pie, las matracas seguirán girando.
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