Santa Cruz viene experimentando en las últimas décadas un florecimiento cultural sin precedentes, consolidándose como un espacio de confluencia artística y literaria que trasciende el ámbito local. La capital cruceña, en particular, se ha convertido en epicentro de una nueva dinámica poética que dialoga con voces internacionales y redefine el panorama literario nacional. En este contexto, el Encuentro Internacional de Poesía Ciudad de los Anillos emerge como uno de los eventos más significativos del ámbito literario boliviano; un espacio donde convergen tradiciones, generaciones y sensibilidades diversas en torno a la palabra poética.
Gabriel Chávez Casazola, fundador y curador de este encuentro junto a Gary Daher, es comunicador, poeta, ensayista y gestor cultural cruceño cuya labor ha sido fundamental para posicionar a Santa Cruz como un referente poético. Director del taller de poesía Llamarada Verde e impulsor de diversas iniciativas editoriales, el autor ha dedicado más de una década a crear puentes entre la poesía boliviana y las voces más destacadas de América Latina, Europa y otras latitudes.
En esta conversación exclusiva con Escape, de La Razón, Chávez Casazola analiza los criterios curatoriales que buscan equilibrar voces consagradas y emergentes, explora las características distintivas de la nueva generación poética boliviana y examina las preocupaciones temáticas que atraviesan la producción literaria contemporánea.
El Encuentro de Poesía Ciudad de los Anillos se ha consolidado como uno de los eventos literarios más importantes del país. ¿Cómo ha evolucionado el evento?
Desde hace 12 años, cuando Ernesto Cardenal inauguró la primera versión con una memorable lectura, el Encuentro Internacional de Poesía «Ciudad de los Anillos» ha ido consolidándose de manera sostenida. Además de un crecimiento cuantitativo (pasó de reunir 30 poetas en 2014 a 50 en 2025, aunque eso no es un logro per se), a sus curadores nos interesa que haya podido ganar en diversidad de voces y estéticas; acoger una representación internacional cada vez más amplia (incluso ya no circunscrita a poetas de lengua española); invitar a más autores bolivianos, incluyendo varias voces emergentes; y ser ocasión para la publicación y/o presentación de libros y antologías que hagan permanente lo fugaz, fijando en texto la voz de los poetas visitantes.
De esta manera, hemos recibido en nuestro país ya más de 100 poetas relevantes de casi todos los países de las tres Américas y algunos países europeos, y proyectamos ampliar las invitaciones a nuevas lenguas y geografías. Todo ello ha sido y es posible gracias al compromiso de la Cámara Departamental del Libro de Santa Cruz, que organiza la Feria Internacional del Libro, donde se realiza el Encuentro; al apoyo de sus patrocinadores y a algunos auspicios propios, como este año los recibidos de la Embajada de la Unión Europea, la AECID y Ciudad El Triunfo, que nos abrió sus puertas para crear el primer Bosque de la Poesía en Bolivia.
Este último encuentro contó con la participación de poetas nacionales e internacionales. ¿Cuáles fueron los criterios de selección para los participantes y cómo logra equilibrar las voces emergentes con las ya consagradas?
Precisamente uno de los objetivos de esta cita con la poesía —que por eso se llama Encuentro y no festival— es reunir poetas internacionales con sus pares nacionales de diferentes regiones del país, en especial aquellos nacidos o residentes en Santa Cruz (donde actualmente vivimos más de 60 poetas), en una alquimia de distintas generaciones, que ha abarcado desde poetas nacidos en los años 40, como Nicomedes Suárez, Blanca Garnica, Matilde Casazola, Norah Zapata Prill y Aníbal Crespo, hasta nacidos en los 90, como Anahí Maya, Marcia Mendieta, Iris Kiya, Lucía Carvalho, Mariana Ríos, Sarah Gonzales, Aldair Apodaca y Valeria Sandi, que además coordina Ciudad de los Anillos desde hace un lustro.
La idea es que los autores bolivianos en actual producción puedan conocer la poesía que hoy se está escribiendo en otros países, dialogar con autores que de otra manera difícilmente podrían conocer en persona, encontrarse con ellos alrededor de la palabra escrita y dicha, como también compartir experiencias y visiones, que pueden ser contrastantes, no solamente sobre la poesía y la literatura, sino sobre la existencia y el mundo.
Por otra parte, y este es un importante criterio de selección para los invitados internacionales, los dos creadores y curadores del Encuentro, Gary Daher y mi persona, procuramos que sean no solamente poetas reconocidos en sus respectivos países y fuera de ellos, sino que también tengan una trayectoria vinculada a la divulgación de la poesía. Por ejemplo, autores que hagan crítica; que dirijan editoriales y revistas, sean digitales o impresas; que organicen festivales, realicen traducciones a otros idiomas, tengan talleres o sean docentes de escritura creativa, en fin, todos los perfiles que pueden contribuir a un mayor y mejor conocimiento y puesta en valor de la poesía boliviana a escala internacional. Es decir, que siendo buenos poetas, a la vez no sean poetas preocupados solamente por su poesía, sino por la poesía.

Por supuesto, esto no quiere decir que no invitamos a poetas dedicados exclusivamente a la escritura de su obra. Sin embargo, el principal propósito del encuentro, aparte del diálogo entre distintas tradiciones, generaciones y sensibilidades poéticas, es contribuir a la divulgación de la poesía boliviana tanto contemporánea como clásica, que también se conoce muy poco fuera de nuestras fronteras (e incluso dentro de ellas).
Por eso, en el Encuentro se presentan libros de autores internacionales publicados en Bolivia, aunque el gran desafío continúa siendo el financiamiento y la sostenibilidad de estas ediciones, que son posibles gracias a la apuesta por la poesía de editoriales como Plural, con su colección Agua Ardiente; 3600, que edita la antología de Ciudad de los Anillos; y, más recientemente, el sello colaborativo Llamarada Verde.
Santa Cruz de la Sierra ha experimentado un notable crecimiento cultural en las últimas décadas. ¿Cómo percibe usted la evolución del movimiento poético cruceño?
Efectivamente, aquí estamos viviendo ya hace varios años un momento de gran potencia creativa en varias artes y en la poesía, de la mano del crecimiento de Santa Cruz y su reconfiguración gradual en una ciudad de confluencia, abierta al mundo y capaz de ofrecer una experiencia de país distinta a la del estatismo rentista y centralista. Este florecimiento cultural —aunque todavía hay bastante camino por recorrer— es producto de la suma de talentos individuales puestos al servicio de la comunidad y del esfuerzo de gestores culturales independientes, que podríamos hacer mucho más si existieran financiamiento suficiente y adecuadas políticas culturales públicas, así como una Ley de Mecenazgo que impulsara las contribuciones privadas.
Con todo, haciendo magia con muy pocos recursos, se pueden lograr cosas sorprendentes. Sin ir más lejos, además de sus célebres festivales de música barroca y teatro, Santa Cruz alberga ahora los tres festivales internacionales de poesía más importantes y sólidos del país: precisamente el Encuentro Internacional de Poesía «Ciudad de los Anillos», con 12 versiones, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Santa Cruz; la Semana Internacional de la Poesía, fundada hace 11 años por Paura Rodríguez y gestionada con Daniel Ayoroa y Juan Murillo, ahora junto a los poetas del taller Llamarada Verde; y el Festival Internacional de Poesía Joven «Jauría de Palabras», creado hace siete años por el colectivo Trueque Poético y dirigido por Valeria Sandi, quien ha tenido también la feliz audacia de crear encuentros similares en las Ferias del Libro de La Paz y El Alto.
Por otra parte, y esto es muy importante, aunque no exista crítica literaria local (lo que hace que, a veces, brille lo que no es oro); aunque las principales editoriales cruceñas, pienso que por razones económicas, no van al mismo paso de la dinámica creativa local (sí lo hicieron hasta hace una década); y aunque no exista una carrera de literatura en pregrado, hay espacios muy valiosos de formación, reflexión y difusión. Pienso en el Programa de Posgrado de Escritura Creativa de la Universidad Privada de Santa Cruz (UPSA), creado hace 11 años por Magela Baudoin, donde han florecido y siguen floreciendo valiosas voces en poesía y narrativa; y en los talleres de poesía, como Llamarada Verde, que dirijo hace una década y ahora tiene, como decía, un sello colaborativo, donde se publica a poetas emergentes de Bolivia y otros países.
Todos estos espacios generan procesos creativos individuales que cada vez tienen mayor llegada a los lectores y una creciente proyección, porque precisamente en Santa Cruz se está haciendo una literatura que, naciendo en un aquí y ahora concretos y expresándolos, desborda estos límites con una vocación que va más allá de lo regional o lo nacional.

Durante el evento se abordaron diversas temáticas. ¿Cuáles fueron los tópicos recurrentes y qué nos dicen sobre las preocupaciones de los poetas actuales en Bolivia y América Latina?
En los últimos años, he notado una creciente preocupación de los poetas, que participan en este y otros encuentros, por el sombrío curso de la vida en la tierra, con un creciente predominio de los intereses particulares sobre el bien común, de la guerra sobre el diálogo, de la depredación sobre el cuidado de la casa común, de la retórica desbordada y pobre de ideas sobre el debate en profundidad, de visiones divisivas y autocráticas sobre propuestas plurales e inclusivas; todo en medio de una conversación pública de un nivel indecorosamente bajo, un vil empobrecimiento del nivel de los liderazgos y la ausencia de horizontes colectivos capaces de infundir esperanza, todo lo cual pone en jaque los más altos y profundos valores humanos.
Y como los poetas somos, ante todo, humanistas, y la misma sensibilidad que nos permite escribir poesía hace inevitable que nos conmovamos ante cuanto nos rodea, es natural que estemos preocupados por nuestra época, que asoma de manera explícita o implícita en nuestros textos y es motivo de nuestras conversaciones.
El encuentro en Santa Cruz no solo es un espacio de lectura, sino también de formación. ¿Cómo se vivió, por ejemplo, la experiencia en el Bosque de la Poesía y el paso por Samaipata?
La experiencia de los Bosques de la Poesía es maravillosa. Este movimiento, creado por el gran poeta argentino Leopoldo Castilla, propone que «los bosques de la poesía nos devuelvan la poesía de los bosques». Hoy existen ya más de 40 bosques de la poesía, sobre todo en Argentina y España, pero también en otras naciones, y en Bolivia creamos el primero el año pasado, donde ya han tenido lugar tres plantaciones de árboles nativos de la región por manos de poetas nacionales e internacionales llegados a la Semana de la Poesía y, hace pocos días, a nuestro Encuentro, aprovechando que uno de nuestros invitados de honor fue, precisamente, Leopoldo Castilla.
El primer Bosque de la Poesía de Bolivia está ubicado en la reserva Colibrí de Ciudad El Triunfo, un hermoso proyecto urbanístico etno-ecoturístico, cercano a Cotoca, desarrollado por el arquitecto Rubén Darío Ortiz, quien es a su vez un gran impulsor del arte y la poesía en Santa Cruz, junto a sus hijas. El Bosque ha sido nombrado como Gustavo Cárdenas, recordando a ese entrañable poeta cruceño, fallecido tempranamente, y ofrece al paseante la posibilidad de un espacio de recogimiento, de silencio, de meditación, donde a la vez se recuperan árboles nativos y la fauna que interactúa con este tipo específico de árboles (se ha hecho un estudio científico para ello), y también se comparte poesía, pues cada poeta planta un árbol y queda, junto a él, una placa con detalles de la especie vegetal, su nombre y un código QR que permite acceder a sus poemas.

La poesía boliviana contemporánea muestra una gran diversidad de voces y estilos. ¿Cuáles considera que son las características distintivas de la nueva generación de poetas bolivianos y cómo se diferencia de generaciones anteriores?
A diferencia de lo que ocurría en décadas pasadas, hoy casi ya no es posible hablar de corrientes o de movimientos dominantes, aunque sí existen confluencias transversales. Hay, por ejemplo, poetas experimentales, que trabajan más con el lenguaje; otros que se interesan en conmover a sus lectores desde la experiencia del poeta y la emoción que pueda irradiar el contenido del poema; aquellos que asumen no solo una posición estética, sino también ética o política (tal vez toda poesía lo hace, aunque no sea explícitamente); poetas más narrativos y exterioristas o más fragmentarios y herméticos; en fin, una diversidad de sensibilidades que se encarnan de modos muy distintos en cada voz, dibujando una partitura polifónica: la de la poesía de hoy.
En el Encuentro tratamos de recoger esa diversidad de miradas, aunque como curadores, Gary Daher y yo tengamos, cada quien, nuestra propia comprensión de la poesía. Ambos, eso sí, coincidimos en considerarla un acto creativo que, si bien es individual e íntimo al momento de escribir o leer un texto poético, también tiene una fuerte dimensión oral y comunitaria, que nos devuelve a los orígenes de este fuego viejo, pero siempre nuevo.
En el caso de nuestro país, creo que hay un interés notorio de los poetas de las nuevas generaciones en, precisamente, compartir su poesía de manera oral y no solamente a través de la palabra escrita y contenida en un libro; en acercarla a la gente en todo tipo de espacios, urbanos, periurbanos y rurales, y por supuesto a través del entorno digital y las redes sociales, tan propicias por su formato a la divulgación de la poesía (aunque convivan en ellas «la Biblia y el calefón», lo que es todo un desafío para la formación crítica de lectores y navegantes).
Al mismo tiempo, hay una mayor preocupación por formarse sólidamente; no necesariamente en el ámbito académico, pero sí de tomarse en serio este oficio (fuera de los deplorables estereotipos del poeta maldito o marginal), para lo cual se requiere vivir con los sentidos muy abiertos y leer mucho, para así conocer lo que se ha escrito y se está escribiendo en Bolivia y otros países; no solamente pensando en los autores más célebres del género, sino en un espectro mucho más amplio, un abanico mucho más abarcador, que incluye exponerse a todo tipo de experiencia artística e intelectual, donde sea posible encontrar correspondencias con las propias búsquedas estéticas y existenciales.






















































































