El Corredor Bioceánico de Capricornio vuelve a posicionarse una vez más en la agenda política y económica del norte argentino como proyecto estratégico de integración regional debido al crecimiento de la actividad minera —especialmente del litio y otros minerales críticos— y por la necesidad de desarrollar infraestructura que articule producción, logística y acceso eficiente a mercados internacionales.
Hay una carretera de ripio en la Puna salteña que, si se pavimenta, podría cambiar la forma en que Bolivia, Argentina y buena parte de Sudamérica exportan minerales críticos al mundo. Son 91 kilómetros entre Campo Amarillo y el Paso de Sico. Noventa y uno. Esa es, por ahora, la distancia más concreta entre el Norte Argentino (NOA) y su ambición de convertirse en un eje estratégico del comercio global.
El Corredor Bioceánico de Capricornio —que conecta Argentina, Brasil, Chile y Paraguay en una red de casi 3.900 kilómetros entre el Atlántico y el Pacífico— lleva años en los discursos de integración regional. Pero algo cambió. El boom del litio, el cobre y otros minerales estratégicos le dio urgencia a lo que antes era solo diplomacia, y hoy dos provincias del NOA compiten, a su manera, por liderar esa transformación; según una publicación de Energy Report.
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Corredor
El gobernador Gustavo Sáenz tiene un objetivo claro: conseguir hasta 100 millones de dólares de financiamiento internacional para pavimentar ese tramo de la ruta nacional 51 que hoy sigue siendo de ripio o presenta mejoras parciales, elevando costos y dificultando el tránsito pesado que demanda la minería.
En reuniones con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Sáenz sostuvo la necesidad de generar inversiones en infraestructura estratégica. El respaldo del organismo no tardó en llegar: Morgan Doyle, gerente del Cono Sur del BID, calificó al corredor como un «proyecto emblemático» y lo enmarcó dentro del programa regional «Conexión Sur», orientado a fortalecer la conectividad sudamericana.
La ruta nacional 51 no es solo una vía minera. Es la columna vertebral del norte argentino: conecta localidades puneñas y mueve bienes, servicios y personas. Pero las lluvias de los últimos meses volvieron a exponer su fragilidad. Derrumbes, socavones y deterioro constante recuerdan que la infraestructura existente todavía está lejos de estar a la altura de las ambiciones del corredor.
Las intervenciones previstas se dividen en cinco etapas. El primer tramo ya tiene financiamiento de Fonplata y avanza en proceso licitatorio. Un segundo segmento incorpora una nueva traza adaptada para bitrenes, vehículos que reducen costos logísticos de forma significativa. Los tramos restantes siguen buscando financiamiento, y ahí está uno de los mayores cuellos de botella del proyecto.
Jujuy
Mientras Salta busca plata para el asfalto, Jujuy fue a Brasilia a hablar de digitalización. La provincia participó en una reunión convocada por el gobierno brasileño junto a representantes de Argentina y Chile, con foco en los pasos Jama y Sico, los dos puntos de cruce más estratégicos del corredor en territorio jujeño.
La delegación, encabezada por Alejandro Marenco, secretario Ejecutivo de la Agencia Provincial del Corredor Bioceánico de Capricornio, llegó con propuestas concretas: sistemas de escaneo para cargas, digitalización de procesos migratorios y documentación simplificada. También planteó la regularización de tierras donde funciona el Complejo Integrado Fronterizo Jama —condición necesaria para cualquier obra futura— y la creación de protocolos conjuntos y sistemas de monitoreo binacionales para responder ante contingencias climáticas o problemas operativos.
El trasfondo de todas estas iniciativas es el mismo: reducir los tiempos de cruce, bajar costos y hacer que el corredor funcione no solo en los mapas sino en la práctica diaria del comercio internacional.
La carrera ya empezó
El proyecto no es solo infraestructura. Es posicionamiento. Asia necesita litio, cobre y minerales críticos, y el que llegue primero con rutas eficientes, pasos ágiles y puertos operativos en el Pacífico —Iquique, Antofagasta, Mejillones, Tocopilla— tendrá una ventaja difícil de revertir.
Para el norte argentino, el Corredor Bioceánico de Capricornio es la oportunidad de salir del aislamiento histórico que lo mantuvo lejos de los grandes circuitos económicos. Salta y Jujuy lo saben. Por eso ya no esperan: gestionan, viajan, negocian y construyen, aunque todavía falten 91 kilómetros de asfalto para que la apuesta se concrete del todo.




















































































