La necesidad de avanzar en reformas estructurales, fortalecer la institucionalidad y generar condiciones claras para la inversión marcaron la intervención del economista chileno Felipe Larraín durante el Banking Summit, realizado en el Hotel Casa Grande de La Paz.
Invitado especial del evento, el exministro de Hacienda de Chile —considerado entre los economistas más influyentes a nivel global— expuso sobre el rol de Bolivia en la economía internacional y delineó una hoja de ruta para encarar los desafíos actuales.
Contexto global e incertidumbre
Larraín inició su análisis abordando el impacto de los conflictos internacionales, en particular la guerra en Irán, y sus efectos sobre los mercados energéticos.
Advirtió que la tensión geopolítica en Medio Oriente está presionando los precios del petróleo y el gas, con implicancias directas para economías como la boliviana. En ese sentido, recordó que por el estrecho de Ormuz transita cerca del 20% de la producción mundial de petróleo, lo que convierte a esa zona en un punto crítico para la estabilidad energética global.
Según explicó, este tipo de shocks externos incrementa la volatilidad y obliga a países como Bolivia a fortalecer sus fundamentos macroeconómicos.
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Reformas clave
En su intervención, Larraín planteó una serie de recomendaciones orientadas a estabilizar y reactivar la economía:
Unificación del tipo de cambio, como medida para reducir distorsiones y recuperar previsibilidad; fortalecimiento de la institucionalidad, tanto a nivel general como en el ámbito fiscal: seguridad jurídica para las inversiones, con reglas claras y estabilidad normativa; reformas estructurales en sectores estratégicos, especialmente en minería e hidrocarburos, para reducir riesgos legales y regulatorios.
Asimismo, mencionó que se debe dar impulso a la industria del litio, con marcos normativos estables que permitan atraer capital; promoción de concesiones en infraestructura pública, incluyendo el desarrollo de corredores estratégicos como el eje Oruro–Brasil, con apoyo de financiamiento multilateral y, finalmente, apuesta por energías renovables, aprovechando el potencial solar del altiplano, eólico de Santa Cruz y geotérmico de Potosí.
El economista hizo énfasis en que la atracción de inversión extranjera directa dependerá de la capacidad del país para ofrecer certidumbre jurídica y condiciones tributarias competitivas.
Oportunidad para la transformación
Como conclusión, Larraín afirmó que Bolivia atraviesa un momento decisivo. “Hoy Bolivia tiene una oportunidad única de avanzar, estabilizar, reformar y reactivar su economía”, sostuvo, aunque advirtió que aún existen tareas pendientes para consolidar ese proceso.
En particular, remarcó la urgencia de fortalecer la institucionalidad, incluyendo la autonomía de entidades clave como el Banco Central, y de generar un entorno confiable para los inversionistas.
Su participación también tuvo un valor simbólico: Larraín trabajó en el diseño de la política económica boliviana en 1985 junto a Jeffrey Sachs, durante el gobierno de Víctor Paz Estenssoro, uno de los momentos más determinantes en la historia económica del país.
Cuatro décadas después, su mensaje vuelve a poner el foco en la necesidad de decisiones estructurales para enfrentar un nuevo ciclo de transformación económica.





















































































