Bolivia se posiciona como el segundo país con la gasolina más barata de América Latina, con un precio de poco más de $us 2 por galón (3,78 litros), según datos de Global Petrol Prices con corte al 9 de junio de 2025.
Solo Venezuela mantiene un precio más bajo, aunque el gobierno de ese país ya proyecta un aumento del 50% en los combustibles, de acuerdo con una nota de Bloomberg.
En el caso boliviano, el bajo precio se explica por una política de subvención estatal sostenida durante décadas. Ésta permite mantener los costos artificialmente bajos frente al resto del continente. Sin embargo, detrás de este precio está el elevado costo fiscal que implica su mantenimiento.
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Fernando Romero, presidente del Colegio Departamental de Economistas de Tarija, calcula que, al tipo de cambio oficial, el litro de gasolina en Bolivia equivale a $us 0,54, pero si se considera el tipo de cambio paralelo, el valor real es de apenas $us 0,23.
Según Romero, la subvención a los carburantes le costó al Estado boliviano $us 2.381 millones en 2024 y para este 2025 se estima que la cifra alcanzará los $us 2.900 millones.
“Es un escenario bastante complejo y difícil que podría entender atenuarse (sic) por una subvención estatal que es el cáncer de la economía nacional”, declaró en Bloomberg.
Además, Romero alertó que se requieren entre $us 7 a $us 8 millones diarios para importar combustibles, lo que representa una presión constante sobre las reservas internacionales del país.
El contraste con el resto de la región es evidente, pues en países como Ecuador, Paraguay y Colombia, el galón de gasolina ya supera los $us 3, mientras que en Chile, Costa Rica y Uruguay se acerca o incluso supera los $us 5.
Aunque en Bolivia el precio bajo representa un alivio momentáneo para el bolsillo del consumidor, expertos como Romero advierten que el modelo actual es insostenible y requiere una revisión urgente para evitar un mayor desequilibrio fiscal.
Diferentes actores políticos en el país ya propusieron levantar la subvención de combustibles, debido a que desde 2024 Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), encargada de la importación de diésel y gasolina, enfrenta irregularidades para la compra de carburantes, debido a los elevados precios en el mercado y la dificultad para acceder a divisas.





















































































