Las remesas enviadas por bolivianos en el exterior al país cayeron un 12% en 2024 en comparación con la gestión 2023, al totalizar $us 1.265 millones, el nivel más bajo en los últimos cuatro años, según un análisis del Colegio Departamental de Economistas de Tarija, basado en datos del Banco Central de Bolivia (BCB).
Fernando Romero, presidente del Colegio de Economistas de Tarija, señaló que el flujo de remesas, envíos de dinero de migrantes a sus familias, enfrentó un escenario complejo en 2024.
“En 2024, del país que más recibimos remesas fue España con un 39%, de ahí Estados Unidos con un 20% y luego Chile con un 13%”, detalló el economista.
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Remesas
El monto total de remeses en 2024 es superior al de 2020, gestión caracterizada por “el azote económico a nivel mundial producto de la pandemia”, cuando se obtuvo un total de $us. 1.116 millones.
Romero advierte que la situación podría empeorar este año, debido al contexto que atraviesan algunos países.
“Si bien el flujo de remesas del exterior no depende directamente de alguna política gubernamental, y en todo caso está en función a la situación económica de los bolivianos en otros países, y a las demandas de sus familiares en el país, este año se tornará bastante complejo”, alertó.
Señaló el impacto de los aranceles impuestos por Estados Unidos, que son vistos como un golpe al comercio global según varios economistas y gobiernos.
Las remesas son una fuente clave de divisas para Bolivia, incluso por encima de rubros vistos como tradicionales.
Sin embargo, su contracción refleja la desaceleración económica global y local, que afecta tanto a los migrantes como a las familias receptoras.
Romero advirtió que, sin políticas para reactivar la economía, el flujo podría seguir disminuyendo en 2025, impactando a hogares que dependen de estos ingresos para cubrir necesidades básicas.
El economista destaca que, aunque las remesas no dependen directamente de medidas gubernamentales, su caída evidencia los efectos combinados de la volatilidad internacional y la fragilidad económica interna, agravada por un año electoral que incrementa la incertidumbre.





















































































