En algunos espacios de enseñanza académica del arte, todavía prima la idea de que la escuela de bellas artes debe enseñarles a los estudiantes a elaborar objetos sensibles, que sean propensos a ser mostrados, en lugares públicos, en calidad de bienes culturales valiosos. El detalle es que esta segunda parte, la de organizar una exposición, la cual implica comprender conceptos de museografía contemporánea, resulta que ya no es enseñada en la formación universitaria, siendo dejada de lado en los pénsum académicos. Artista se entenderá entonces, bajo este marco, como aquel/aquella persona que produce objetos aptos para la apreciación estética. Luego que Dios le ayude a conseguirse espacios donde mostrar lo que hace.
Pero luego está otra cuestión, que la artista plástica Mónica Mamani abordó en la entrevista que le realizamos en el podcast «Inalámbricos» en noviembre 2024; a saber, que todo estudiante de las carreras de arte debería conocer que titularse no significa haberse convertido en artista, y que una instancia de estudios académica solo te da un porcentaje de lo requerido para afrontar profesionalmente el mundo del arte. En otras palabras, amig@ estudiante, no le pongas toda la responsabilidad de tu formación a lo que te enseñan en la universidad. La investigación independiente, el ánimo autodidacta, sobre todo en países como Bolivia, resultan decisivos para las posibilidades de crecimiento de cualquier agente que trabaje dentro del circuito cultural de Bolivia.

La influencia de los museos y centros culturales
Habiendo trabajado algo más de cinco años como investigador, pero a la vez fungiendo de gestor cultural, dentro del Centro de la Cultura Plurinacional en sus mejores épocas, pude hacer casi una maestría sobre manejo y gestión de un espacio cultural a través del mismo ejercicio profesional. No existe libro ni universidad que te prepare propiamente en Bolivia para gestionar y administrar espacios de arte. Esto es algo que se termina de aprender en el mismo ejercicio de la profesión, lo sabrán entender muchos gestores que han recorrido el camino. Hay un componente de empirismo muy fuerte en el ejercicio de la gestión cultural en Bolivia. Nadie llega a ese mundo con ideas innatas respecto de la cultura o del bien o de la belleza, como podría decirnos Platón, sino que conocemos todo según lo que experimentamos, es decir, lo que pasa por el tamiz de la experiencia, en la práctica. Está más cerca de la posición de David Hume que de Platón la gestión cultural en el país.
Uno de estos aprendizajes fundamentales en la administración de un centro cultural, tiene que ver con la manera en que se gestionan sus espacios de exhibición de arte. ¿Bajo qué concepto de formato expositivo? En la mayoría de las instancias municipales en Bolivia, no han dejado de promocionar sus espacios como salones de arte. Las mismas convocatorias de uso de espacios apuntan a ese uso tradicional, que les ahorra la necesidad de pensar espacialmente. En esta visión, el espacio arquitectónico juega un papel de albergue de obras de arte, es decir, de contenedor pasivo, una infraestructura consistente en cuatro paredes con un techo, e iluminación cenital para posarse sobre las pinturas que pasarán a estar colgadas en dichas paredes, a una altura estándar, generalmente midiendo entre 1,20 m a 1,30 desde el piso, pensando mucho más en visitantes adultos que en niños. Las mismas galerías de arte privadas, en un mayor porcentaje, prefieren adherirse a la ideología del cubo blanco, también por cuestiones de ahorrarse en costos de pintura y simplificación de recursos museográficos.

Lo interesante es que el/la artista no tiene por qué plegarse sumisamente a los manejos dogmáticos del espacio de exhibición que reproducen muchas instituciones. Los artistas pueden modificar, a través de la instalación de sus obras, la manera en que los espectadores tienen una vivencia de esos espacios. El lenguaje de la instalación es particularmente rico para convertir al espacio arquitectónico en parte misma de la obra, es decir, de la experiencia artística que se busca generar. Por ello, dentro de la formación del artista, será importante que aprenda a leer aquellos espacios que son más abiertos en la negociación sobre los usos del espacio para mostrar arte.
En Bolivia pocos espacios expositivos institucionales manejan este tipo de apertura a formatos expositivos menos convencionales. Entre los que he podido visitar en las ciudades del eje troncal, sumando además Sucre y Oruro, puedo destacar al Centro Cultural de España en La Paz, donde se muestran diversos recursos museográficos durante sus exposiciones en tres salas contiguas. El MUSEF con sus exposiciones didácticas, proyectadas para mostrar los resultados de investigaciones etnográficas y manejo de su colección museal, no deja de ser otro espacio destacable. La antigua casona patrimonial donde se encuentra el Museo Nacional de Arte será siempre una infraestructura que habla muy alto, impregnada de por sí de aire colonial, con un patio rodeado por una armoniosa arquería de piedra en tres plantas, dejando escuchar los ecos del siglo XVIII; se trata de una infraestructura que por sí sola promueve experiencias híbridas, de antaño y contemporáneas, que hacen dialogar diferentes épocas según el tipo de obras que exhiben. Y siguiendo en La Paz, la Galería Salar de Gastón Ugalde, administrada por su hijo Mariano Ugalde, maneja como esencia de su marca la puesta en escena de recorridos inusuales, a lo largo de sus tres plantas, que reproducen diferentes microclimas y estilos de exposición.

En cuanto a Santa Cruz de la Sierra, destacan dos espacios de arte en particular por las variantes museográficas que ensayan en sus exposiciones: Kiosko Galería y Manzana 1. En esta ciudad, cualquiera que sepa de artes visuales, está enterado de que contar con los servicios de Julio Vargas y sus ayudantes para la museografía de una exposición algo más ambiciosa, es un factor clave, y es así que desde hace casi dos décadas este personaje colabora indistintamente en diversos espacios culturales ocasionalmente, fuera de su trabajo principal como montajista en Kiosko Galería.
No alcanzamos en este artículo a mencionar otros casos de galerías más pequeñas que persiguen una búsqueda similar o de plataformas alternativas autogestionadas. Pero por el interés que concita esta temática, continuaremos desarrollando en un siguiente número de esta revista.
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