Más allá de las teorizaciones, argumentos en pro y en contra, adivinanzas de quién está orquestando los bloqueos violentos y de cómo se resolverá esta crisis estructural del país, quedará algo bien inscrito, grabado, registrado y difundido de forma masiva: las heridas lacerantes en el tejido social, cultural y político de los bolivianos contra los bolivianos.
Las heridas históricas que nunca se cierran y que arrastramos hace más de doscientos años y cada vez se profundizan mas. Vuelven abrirse y cada vez cargadas de resentimientos y odios.
Las heridas entre comunidades, amigos, compañeros, hermanos quedará con los bloqueos y violencias entre bolivianos. Esas heridas no se repararán por sí solas. Los ponchos rojos no serán mirados como vecinos, ni los vecinos serán mirados como tales. Los bloqueadores serán los enemigos, por lo menos para la gente que sufrió de forma directa sus acciones de destrucción, golpizas, saqueo, pateaduras.
Serán enemigos del uno contra el otro. El odio se acentuará en las relaciones sociales y la sospecha de ser los enemigos entre todos nosotros.
Los ponchos rojos serán mirados con sospechas y bajo el dedo acusador de ser violentos. Los citadinos serán apuntados como racistas y discriminadores.
En esta lucha encarnizada por el poder, llegar a la Casa Grande del Pueblo por las buenas o las malas, por la democracia o por la sublevación no ha medido consecuencias en esta otra dimension del conflicto. Alguien diría los daños colaterales graves en la sociedad, agobiada siempre por una espiral de conflictos y de bloqueos permanentes.
Nuestra democracia, asediada por propios y extraños, por los que fueron hijos de la democracia y que hoy gozan de sus beneficios, pero que se vienen convirtiendo en verdugos directos.
El devenir en las comunidades campesinas, en El Alto, en La Paz, epicentros de los bloqueos no será el mismo, transcurrirá en medio de las sospechas, del miedo, de andarse con cuidado, porque cada uno de ellos ha entrado en una dialéctica de que mi amigo es ahora mi enemigo, que mi vecino de antes ahora es mi verdugo, del campesino no es tan campesino, es un bloqueador.
Las muertes de cualquier ciudadano boliviano no solo significan la pérdida de vidas humanas, sino el despertar del dolor y a veces del odio y la venganza de parte de los familiares del asesinado, muerto en los bloqueos, de ahí que todos los bloqueadores llegan a ser sospechosos de ser el asesino o el que permitió que se atente contra la vida de un ser humano, que más allá que sea policía, campesinos, citadino, es una persona con sueños, esperanzas, luchas, con ansías de vivir más su vida.
Las heridas sociales que está provocando el actual conflicto que demanda la renuncia del Presidente Rodrigo Paz a seis meses de su gestión transcurre en medio de una sed de sangre y de violencia, se seguirán profundizando o no se sanarán con el tiempo, porque a los actores que están en las calles, avenidas, gritando “ahora si guerra civil” es mejor si hay violencia, caos, heridos y muertos, porque así se justifican en sus demandas, así se victimizan y le dirán al mundo que el pueblo está herido, que el poder asesinó a sus hermanos. Pero esas heridas continuarán abiertas, profundamente lacerantes que nos darán golpes a la conciencia, a la sensibilidad y a la dignidad como país.
Las heridas en las relaciones sociales y humanas que se reabren en los conflictos que se descontrolan o tienen alta dosis de violencia con enfrentamientos entre bolivianos, será una deuda que tendrá que ser reparada en la Bolivia Plurinacional de aquí para adelante.
Probablemente estas heridas no le importan a los que están orquestando en las sombras y ejecutando los bloqueos violentos políticos, ni al gobierno, porque actúan bajo la lógica de quién es el más fuerte, el más poderoso, el que manda y en su pugna las vidas humanas poco importan y mucho menos esos daños colaterales, alimentando lo que Fernando Untoja, diagnosticó: el odio como identidad nacional. “Bolivia ya no discute proyectos. Discute resentimientos. No habla: grita. No persuade: amenaza. No construye: bloquea”.
Mientras tanto, ese odio se profundizará en alimentar la polarización en la que estamos ahogándonos: collas vs cambas, indios vs karay, empresarios vs trabajadores, blancos vs negros, campesinos vs agropecuarios, pobres vs ricos.
Divididos, polarizados, enfrentados, fragmentados, quebrados, bloqueados, violentados….así estamos sobreviviendo de forma permanente. ¿Hasta cuándo?















































































