En un tribunal federal de Oakland, Estados Unidos, se libra un juicio inaudito. Elon Musk, el hombre más rico del mundo y dueño de xAI, demanda a Sam Altman y a OpenAI por haberse vuelto demasiado parecidos a lo que Musk mismo construye hoy. La paradoja es ineludible ante la mirada de los analistas del sector y más aún para la jueza Yvonne Gonzalez Rogers. La autoridad judicial tuvo que recordar reiteradamente a las partes que esto «no es un juicio sobre los riesgos de seguridad de la inteligencia artificial (IA)».
Situación actual
En la segunda semana del juicio. Musk ya ocupó el estrado durante tres días y los mercados de predicción reaccionaron a su testimonio. En Kalshi, sus probabilidades de ganar cayeron del 60% al inicio del juicio a apenas 34% el lunes pasado. Greg Brockman, presidente de OpenAI y co-acusado, lo siguió en el estrado el martes y miércoles pasado, refutando punto por punto la versión de Musk.
El caso no será decidido por un jurado de nueve personas porque el veredicto es meramente consultivo. La jueza Gonzalez Rogers tiene la última palabra, y espera concluir la fase de escrutinio para el 21 de mayo. Altman, que aún no testifica, declarará más adelante este mes.
El porqué
OpenAI nació en 2015 como organización sin fines de lucro. Musk donó alrededor de $us 38 millones en sus primeros años. Lo hizo con la convicción de que estaba financiando un contrapeso ético frente al avance de Google. «Tuve la idea, el nombre, recluté a la gente clave, les enseñé todo lo que sé. Aporté el financiamiento inicial», declaró Musk en el estrado.
El empresario de origen sudafricano salió de la junta en 2018. OpenAI lanzó su brazo con fines de lucro ese mismo año. Cuando Microsoft invirtió $us 10.000 millones, Musk afirma que fue el momento en que abrió los ojos. «Para fines de 2022 había perdido la confianza en Altman y me preocupaba que realmente estuvieran tratando de robarse la caridad. Resultó ser cierto».
Durante los alegatos, su frase de cabecera, repetida hasta que la jueza la borró del registro, fue que «no se puede simplemente robar una caridad».
La versión de OpenAI
OpenAI tiene otra historia. Su abogado William Savitt fue brutal en su argumento de apertura. «Estamos aquí porque el señor Musk no se salió con la suya en OpenAI. Renunció diciendo que fracasarían. Pero mis clientes tuvieron el descaro de seguir y tener éxito sin él».
Brockman corroboró que Musk quería el control para financiar otras ambiciones. «Necesitaba $us 80.000 millones para crear una ciudad en Marte”, declaró.
Las contradicciones del demandante no ayudan. Musk admitió bajo juramento que xAI usa modelos de OpenAI. Presionado por sí o por no, respondió «parcialmente». Y dos días antes del juicio, le escribió a Brockman asegurando que «para el fin de esta semana, tú y Sam serán los hombres más odiados de América».
Implicaciones
Lo que el juicio decide tiene un margen estrecho. Vivian Dong, abogada y directora de programa en Legal Advocates for Safe Science and Technology, lo explica. «Ninguna política específica de seguridad de IA ni práctica de la industria está siendo juzgada, así que las implicaciones se limitarán mayormente a OpenAI». Agrega que «sería algo sin precedentes que un tribunal, en una demanda privada por violación de fideicomiso caritativo, ordenara los cambios estructurales que Musk busca».
La jueza ya delineó el perímetro del caso. «Sospecho que hay mucha gente que no quiere poner el futuro de la humanidad en manos del señor Musk. Pero eso no importa», dijo en una entrevista con la cadena CNBC. Puntualizó que el juicio se decide por los documentos incorporados al proceso y los testimonios, no por visiones del futuro.




















































































