El pasado domingo 12 de octubre, se recordó 533 años de la invasión española al continente de Abya Yala, mal llamada América Latina y el Caribe. A pesar de los años transcurridos, las profundas secuelas se siguen reproduciendo en las diferentes sociedades de nuestro continente. ¿Cuáles son esas consecuencias? Formas de genocidio, racismos extremos, formas de opresión y explotación, extirpación de la espiritualidad ancestral, represión brutal en supuestas democracias; en fin, nos faltaría espacio a la larga lista de otras atrocidades delinquidas y/o en curso.
Nos toca reflexionar sobre Ecuador, que vive momentos muy difíciles, sobre todo la población ancestral, los afroecuatorianos y sectores urbano-populares. El gobierno democrático-dictatorial de Daniel Noboa, como parte de la profundización de sus políticas neoliberales, decretó la eliminación de la subvención al diésel, que afecta a la ciudadanía ya depauperada. Les declaró la guerra total a los indígenas; podríamos afirmar ¡ya es guerra de exterminio! Hasta el momento, existen tres indígenas asesinados (dos varones y una mujer), muchos heridos, diferentes apresados y numerosos maltratados. Ya no es posible denominar democracia cuando en la práctica se gobierna matando a los ciudadanos indígenas, con militares, policías y sin ningún estupor.
Hay dos temas que nos llaman la atención 1) El intento de la toma de la ciudad de Quito, la antigua ciudad de Kitu kara, por los pobladores indígenas y bajo la batuta de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (Conaie) y 2) El corte del huango o trenzas a dos indígenas kichuas de Otavalo por parte de miembros de las Fuerzas Armadas.
Sobre lo primero, hay que recordar que la fundación de las ciudades coloniales sobre otras ciudades ancestrales, para los españoles en Abya Yala, fue justificado porque suponían que era un continente casi vacío, con poca población y sin cultura. El historiador argentino José Luis Romero nos recuerda que la mentalidad fundadora posibilitó la creación del sistema político y administrativo colonial, los usos burocráticos, el estilo arquitectónico, las formas de vida religiosa, las ceremonias civiles, de modo que la nueva ciudad comenzó a funcionar como si fuera una ciudad europea extendida, ignorante de su contorno, indiferente al mundo subordinado de los indios, los mestizos conscientes y los negros, a los que se superponían.
Pero, a pesar del colonialismo triunfalista, el peligro de un levantamiento de los indios/as se mantuvo latente en muchas ciudades y obligó a sus pobladores a mantenerse en pie de guerra. Por eso crearon la ciudad-fuerte, la ciudad-fortín, que les garantizaba la unión del grupo colonizador, la continuidad de sus costumbres y ese ejercicio de la vida “noble” que se había grabado en su memoria de emigrados.
A pesar de más de cinco siglos de colonialismo, todas estas ideas y actitudes urbanas han permanecido y fueron recreados por los descendientes de los colonizadores, hoy atrincherados en políticos demócratas procoloniales. El anuncio de la Conaie de ir hasta la capital de Ecuador, Quito, ha despertado un furibundo rechazo de los demócratas en función de gobierno y sus allegados. ¿Qué pasaría si arriban los miles de indios/as a Quito? Existe la suposición de que destruirían la ciudad, que incluye a sus habitantes (por ejemplo, se citan lo sucedido en 2019 y 2022). Escuché en redes sociales declaraciones de indígenas que dicen ¿“si nosotros hemos construido, por qué no podemos destruir lo que nos oprime”?
Sobre el segundo tema. Otavalo está ubicado al norte del Ecuador; es una de las regiones kichuas más indígenas y las más cosmopolitas. El/la indígena otavaleño, a partir de su identidad, ha llevado al mundo su forma de ser, su arte y música. Una de las características de los varones, es utilizar la vestimenta ancestral y el cabello largo o huango, como se denomina.
Según información difundida por redes sociales, algunos militares ignorantes detuvieron a dos jóvenes en las movilizaciones sociales de los últimos días y, como sanción por su participación, les cortaron esa larga caballera. Puede parecer muy banal lo sucedido, pero esa acción cobarde tiene gran contenido racista y de rechazo social al indio. Es una afrenta abierta contra un pueblo (kichua de Otavalo), pero extensible a los pueblos ancestrales del mundo, por las políticas coloniales aún vigentes. No se trata simplemente de la pérdida del huango o cabello largo, sino es un atentado abierto a una manera de ser, a una manera de vivir, y que es vilmente humillado por ignorantes militares. En redes sociales hay un estupor por lo sucedido, pues el huango representa el símbolo de la sabiduría ancestral. En esta acción se demuestra que las prácticas coloniales hay retomado viejas experiencias, como las de siglos pasados, donde se pretendía erradicar la forma de ser indígenas. Ecuador markana, jilata kullkanaruxa wali uñisipxi, isk’achapxi. Amtawipa, sarawipa tukkhan munapxi, jiwayapxiwa jilata kullakanaru. Arsusiñasawa.
Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano,
sociólogo y antropólogo.















































































