La reconocida escritora chileno-peruana Isabel Allende llegó el sábado al Teatro Cervantes de Buenos Aires (Argentina) para presentar y responder inquietudes sobre su nuevo libro “Mi nombre es Emilia del Valle”, cuya historia se inspira en la guerra civil de Chile (1891).
Ante un imponente anfiteatro repleto de personas que fueron a escucharla, Allende develó anécdotas, experiencias y sensaciones de su nueva creación literaria.
Con un saco en tonalidad roja y floreado, un pantalón negro y su despampanante cabellera platinada, Isabel se sentó junto al periodista Jorge Fernández Díaz.
La obra de allende repasa la guerra civil de 1891 en Chile y esboza párrafos profundos sobre el golpe de Estado en 1973.
«Lo que aprendí del periodismo me ha servido toda la vida», confesó. Desde cómo arrancar una historia con una frase que atrape, hasta cómo investigar sin conformarse con la primera fuente. Emilia no conoce a su padre biológico, pero tiene un padrastro inolvidable: un homenaje claro al “tío Ramón”, figura central en la vida y obra de la autora, incluso recordó cómo le enseño a bailar toda una tarde para ir a su primer baile, con las instrucciones precisas de no comer torta, estar cerca del parlante y de esa noche no paro de bailar.
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Allende
En el diálogo con Díaz, Allende reveló que el libro también escarba en una historia silenciada sobre mujeres cantineras que acompañaban a los soldados en el campo de batalla. «No aparecen en los documentos militares, pero existieron y merecen ser contadas», aseveró.
Durante su dilatada trayectoria, Isabel Allende continúa fiel a su ritual creativo. Comienza sus obras literarias siempre un 8 de enero, confirma que para ella no hay pretextos a la hora de escribir.
«Si uno quiere escribir, escribe. No hay excusas», señaló con contundencia la autora de más de 30 libros publicados, 80 millones de ejemplares vendidos y cuatro décadas narrando historias.
Después de una larga conversación con su amigo periodista, Allende salió aplaudida del recinto. Más allá, la esperaban decenas de personas, sobre todo mujeres que llenaron el teatro, y que esperaron hasta el final para compartir uno minutos con ella, despedirse y hasta para sacarse una fotografía.





















































































