Uno de los libros más importantes de Judith Butler se titula en inglés “Bodies that matter” y que ha sido traducido al castellano como “Cuerpos que importan”, sin embargo, la traducción de “that matter” significa “que importan”, pero también “que se materializan”, es decir, que existen, así la pregunta de Butler es ¿cuáles son los cuerpos que se materializan e importan en nuestras sociedades? ¿Cuáles son los cuerpos que cobran importancia y las vidas que merecen ser vividas y protegidas? Es lógico que estos cuerpos son los que obedecen a las nociones normativas del discurso de género heterosexual, inicial preocupación de Butler desde su libro “El género en disputa”, sin embargo, su preocupación se desplaza en torno a los cuerpos que no importan y que no se materializan, es decir, los cuerpos abyectos y expulsados de la sociedad. Así, Butler llega a una pregunta muy importante ¿qué cuenta como una vida?
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Para Butler todo ser humano es radicalmente interdependiente, es decir, somos seres integrados en una red de relaciones que sostiene nuestra existencia, sin los cuidados mutuos no podríamos existir, pues somos seres vivos altamente vulnerables. La idea de una sociedad democrática es también la idea de una sociedad en la que importemos y existamos. Una sociedad democrática es una sociedad del cuidado.
Sin embargo, hay muchas vidas precarias, es decir, vidas humanas expuestas a mayor vulnerabilidad como resultado de la opresión de unos y el privilegio de otros, en consecuencia, para Butler, habrán vidas que importan y vidas que importan menos, unas que son más protegidas que otras, unas que son más lloradas que otras cuando se pierden. La reflexión de Butler, que había comenzado con la problematización del género, termina con la problematización de aquello a lo que llamamos ser humano y vida humana. Butler se pregunta ¿por qué lloramos más cuando se pierde una vida reconocida y lloramos menos cuando se trata de una vida invisibilizada? Para Butler, hay una paradoja, hoy en día, en nuestro mundo, si bien hay vidas que existen hay otras que no, es decir, que si bien son seres sensibles, de carne y hueso, no existen porque no importan, solo de esa manera se comprende los marcos de guerra, las muertes planificadas en las guerras y en los recortes económicos. Las masas de gente pobre que cada medida económica sacrifica o las poblaciones que mueren como efecto directo o indirecto de las guerras se presentan solo como datos, como números, como estadísticas y no como vidas.
La alternativa frente a esta invisibilización de vidas humanas, es el duelo, es decir, reconocer que las muertes de cientos, miles y hasta millones de personas ha tenido lugar y no son solo números o datos, son vidas, vidas que importan. No llorar las vidas perdidas atenta a nuestra condición humana. Los cuerpos que importan, los cuerpos que se materializan, deben ser parte de la agenda de una democracia que no solo juegue a las sumas aritméticas.
(*) Farit Rojas es docente investigador de la UMSA















































































