El pasado 21 de agosto Eric Farnsworth, asesor del Programa de las Américas del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Estados Unidos (CSIS), publicó un artículo en el diario The Washington Post, que desde el título, adelanta lo que el gobierno norteamericano hará con el litio boliviano, ahora que habrá un gobierno distinto al masista. El texto se titula “El prometedor giro de Bolivia hacia la derecha”.
El autor, que se identifica como Asociado Senior de esta organización, hace un recuento de lo ocurrido en las recientes elecciones y dice que Evo Morales y su partido condujo a Bolivia “a un continuo subdesarrollo, polarización política, corrupción y vínculos con algunos de los regímenes más represivos del mundo. El próximo presidente tendrá que gestionar un país en bancarrota, sin dólares y sin la capacidad de importar los bienes que necesita. Será necesario renegociar la deuda externa, acelerar la inversión extranjera y reducir el gasto público. Las medidas de austeridad serán impopulares…”
Sigue: “Para Estados Unidos, sin embargo, el repentino cambio de Bolivia representa una oportunidad. América Latina se encuentra en pleno proceso de reorganización electoral… Una vez que el nuevo presidente de Bolivia asuma el cargo, Estados Unidos, otros aliados democráticos e instituciones como el Fondo Monetario Internacional deberían brindar su firme apoyo a las reformas que revitalicen la economía del país y, al mismo tiempo, reduzcan la corrupción y aumenten la protección ambiental. Bolivia debería reincorporarse a las conversaciones sobre la mejora de las cadenas internacionales de suministro de minerales críticos, incluido el litio…”
Y remata: “Washington, en particular, debería levantar sus aranceles del 15% sobre Bolivia, una nación empobrecida que exporta poco a Estados Unidos y necesita desesperadamente apoyo para un relanzamiento democrático liberal. Enviar un nuevo embajador estadounidense a La Paz con el mandato de cooperación activa sería un primer paso oportuno. Bolivia no es una prioridad para Washington, y esto es comprensible. Pero los cambios en curso en América Latina ofrecen una oportunidad para un realineamiento sostenible, alejándose de las economías estatales, las políticas antiamericanas y la influencia china. Bolivia puede mostrar el camino…”
Uno podría pensar ¿y eso qué? es simplemente otra opinión, pero no. Se trata de un exfuncionario del Departamento de Estado y actual asesor político-estratégico del principal laboratorio de ideas del que se nutre el gobierno de Estados Unidos para sus políticas hacia el exterior, principalmente Latinoamérica. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Estados Unidos proporciona las pautas de la política intervencionista estadounidense. Le dice cuándo y cómo ejecutar una acción, abierta o clandestina. Fue creado en 1962 por Ray Steiner Cline, subdirector de Inteligencia de la CIA, como una incubadora de tácticas y operaciones ejecutadas durante la llamada Guerra Fría entre Estados Unidos y la ex Unión Soviética. Según investigadores de la Red Voltaire (organización internacional defensora de derechos humanos y medios de comunicación) de ahí salieron todos los asesores civiles de Ronald Reagan, presidente de ese país en 1981.
El embajador de Venezuela ante la ONU, Samuel Moncada, denunció en 2019 que el CSIS es financiado por corporaciones petroleras y armamentísticas estadounidenses. Ese año, 2019, este organismo elaboró un documento secreto llamado “Iniciativa Venezuela, el día siguiente” en el que dicta las acciones que Estados Unidos y otros países aliados debían realizar para sacar del poder a Nicolás Maduro. Como primer paso, recomendó imponer como Presidente al entonces activo Juan Guaidó, a quien nombró “Asociado Senior del Programa de las Américas”, el mismo membrete con el que el autor del artículo firma su texto.
Como segundo paso: “ejecutar acciones más efectivas y coordinadas” contra el gobierno venezolano, lo que en términos menos eufemísticos significa intervención directa con invasión militar. Justo lo que ahora hace el gobierno de Donald Trump que ya envió a la zona 7 buques de guerra de misiles guiados, 8.000 soldados y un submarino nuclear de ataque rápido, probado con éxito en las guerras de colonización de Irak y Afganistán.
(*) Javier Bustillos Zamorano es periodista
















































































