La literatura boliviana contemporánea se encuentra en un momento de efervescencia, con voces que exploran nuevas formas de abordar las complejidades de la identidad, el género y la clase social; ya sea en forma de cuento, novela o narración libre. En este contexto, emergen propuestas narrativas que combinan realismo con elementos fantásticos, creando universos literarios que buscan descifrar una realidad cada vez más compleja. La ficción se convierte así en una herramienta para desentrañar los nudos más profundos de la experiencia humana, especialmente aquellos relacionados con las estructuras de poder que condicionan nuestras vidas.
Ariadne Ávila, escritora paceña, se ha posicionado como una de las voces más prometedoras de esta nueva generación literaria. Tras el éxito de su novela «El laberinto sin paredes» (2016), regresa ahora con «La jaula se ha vuelto pájaro», una colección de cuentos. La autora fue ganadora del Premio Kory Wuayna de Literatura en 2019 y el primer lugar en el concurso Letras e Imágenes de Nuevo Tiempo. Su obra se caracteriza por una prosa cuidadosa que navega entre lo cotidiano y lo extraordinario, siempre con una mirada aguda sobre las tensiones sociales y existenciales de sus personajes.
En esta conversación exclusiva con Escape, de La Razón, Ávila reflexiona sobre su evolución como cuentista, explicando cómo la brevedad del género requiere una «precisión casi exacta» que ha ido puliendo a lo largo de los años. La autora revela que su narrativa surge del deseo de «descifrar y nombrar una realidad», utilizando elementos fantásticos como herramienta para desenredar los enredos a través de cosas imposibles.
— Después de publicar la novela «El laberinto sin paredes» en 2016, ahora usted regresa con una colección de cuentos. ¿Qué le atrajo de volver al formato del cuento y cómo ha evolucionado su escritura en estos años?
En realidad, lo que siempre me interesó fue la narrativa, específicamente la ficción narrativa.
De hecho, antes de publicar cualquier cosa, empecé escribiendo cuentos por su brevedad, pues le temía a la longitud de la novela. Sin embargo, había algo que no me cerraba de mis primeros escritos. No me había dado cuenta de que la brevedad requiere de una precisión casi exacta y yo me estaba yendo por las ramas cada vez que intentaba contar una historia. Por eso mi primera publicación fue una novela; sentí que tenía que pulir y sintetizar mi lenguaje para el cuento y que la novela me permitía realizar todas las exploraciones que personalmente necesitaba.
En estos años —escribiendo, corrigiendo, reescribiendo y borrando—, me he dedicado bastante a pulir esa brevedad que buscaba para mis cuentos. Así que siento que ahora estoy lista para ese género y que, además, he atravesado un laberinto en el cual no hallaba mi voz, mi manera de escribir. Sospecho que tengo un estilo con el cual me siento conforme después de tanta búsqueda.
— El título del libro, «La jaula se ha vuelto pájaro», sugiere una transformación poderosa. ¿Qué representa esta imagen y cómo se relaciona con las historias que se cuentan en esta colección?
El título sale de un verso que tomé prestado sin permiso de Alejandra Pizarnik y que, me parecía, encajaba muy bien con dos ideas que había plasmado en las historias sin querer. Una, la sensación del encierro, lo que podríamos llamar la jaula: el encierro de una inteligencia artificial vigilada por humanos que le temen a su poder, el encierro de una niña entrando a la pubertad que no puede hablar en voz alta de sus cambios físicos, el encierro de una muchacha atada a su propia vida y al cuidado de su familia. La otra: la ruptura y liberación a partir de una tensión intolerable que se respiraba en estas jaulas, una liberación que deja volar al pájaro salvaje y torpe convirtiendo los barrotes de lo rígido en alas.
— ¿Cómo decide cuándo introducir elementos fantásticos en una narrativa realista y qué función cumplen en su escritura?
No sé si la narrativa que escribo es realista. Pienso que en el sentido estricto de la palabra no lo es.
Ahora bien, sí es cierto que varios de los espacios que sirven como escenario de mis cuentos podrían encontrarse en nuestra cotidianidad: un colegio, un departamento, una tienda de vestidos de novia, un bar, un café… Es cierto, además, que las inquietudes, motivaciones y aflicciones que transitan los personajes son realistas. Y también es cierto que pongo, en medio de todo ello, elementos que salen del orden de nuestra realidad: un pájaro-hombre, un tiempo detenido, un bus que se pierde en ninguna parte. Creo que esta manía ligeramente involuntaria de entremezclar lo real y lo irreal surge del deseo de descifrar y nombrar una realidad que no comprendo. Para embarcarme en esa tarea, recurro a la manera más honesta que he podido hallar de hacerlo: desenredar los enredos de la realidad a través de cosas imposibles.
— Se describe que el libro revela «cómo las estructuras de género, clase y deseo pueden asfixiar… o liberar». ¿Podría profundizar en cómo se abordan estos temas sociales a través de la ficción?
Cada ficción tiene sus particularidades, hablaré de cómo enfrento yo este abordaje.
En los cuentos, hablo de mujeres que viven su femineidad en el fracaso y la atadura a un rol clásico, un rol que las despoja al terreno de la opacidad. No obstante, en este fracaso siempre hallan una suerte de redención (que no siempre resulta segura, satisfactoria ni liberadora). Por otro lado, pienso que tiendo a enfocarme mucho en la clase media, una «clase a medias» —como diría Zabaleta Mercado— que busca ascender en la escala social y vivir lujos prohibitivos para su economía. Una de las protagonistas de estas historias, por ejemplo, pertenece a una familia de bajos recursos que siempre ha vivido en la impostura de pertenecer a una clase prestada y, no contenta con esa impostura, también busca habitar un cuerpo que no le pertenece, un cuerpo que podría mimetizarla mejor en esa alta sociedad a la que quiere pertenecer.
Los personajes que trabajo están atados a los fracasos de su situación de género y clase y, lejos de escapar de ellos, involuntariamente se sumergen tanto en ellos que despiertan una salvaje liberación producto de esa atadura.
— ¿Cómo percibe el panorama actual de la narrativa boliviana y cuál considera que es el aporte suyo a esta conversación literaria?
Hay muchas voces que todavía debo conocer y descifrar, y es difícil mirar el panorama cuando uno está tan cerca de él. Me cuesta identificar cuál es el papel que ejerzo en este diálogo actual cuyas voces siguen sonando y proponiendo.
No obstante, hay ciertas preocupaciones que veo en varios autores. Algunas de ellas se relacionan con las temáticas abordadas: la tecnología, el lugar que ocupa lo femenino, la mirada de la sociedad. Otras se relacionan más con la manera en la que se abordan las historias: la recurrencia de la irrupción fantástica en escenarios realistas, la narración fragmentada que va pasando la voz a diferentes personajes, la ilusión de oralidad contemporánea para dar cuenta de ese mundo interno formado por lenguaje.
Ya dirán los años qué es lo que estamos haciendo y cómo dialogamos, nos cruzamos o nos desencontramos.
— ¿Cómo fue el proceso de escritura de esta colección? ¿Había una línea temática que conectara los cuentos desde el inicio, fueron encontrando su unidad durante el proceso o la apuesta fue por la exploración?
Los cuentos de esta colección son aquellos que se salvaron de la Papelera de mi computadora a lo largo de estos años. En un principio, eran cinco los relatos salvados de ese silencio y fueron a parar al concurso Letras e Imágenes de Nuevo Tiempo porque existía una relación entre ellos que, casualmente, correspondía a la temática de aquella versión del concurso: «Mujeres: resistencia, cultura, memorias y luchas».
Poco a poco, entre correcciones y nuevas ficciones, se sumaron otros cuentos que, aunque no dialogaban precisamente con la idea de lo femenino, sí tenían otro tipo de relación con otras temáticas que también había explorado, como el encierro, la voracidad del tiempo o las preocupaciones que nos puede dejar ese esperado futuro que suena cada vez más cerca. Así que, aquello que empezó como exploración, encontró su hogar en una resonancia de temas que, particularmente, me afligen.
— Después de recibir el Premio Kory Wuayna de Literatura y el Primer Lugar en el concurso Letras e Imágenes de Nuevo Tiempo, ¿cómo han influido estos reconocimientos en su confianza como escritora y en la recepción de su obra?
Soy una escritora tímida y, de hecho, en muchas ocasiones, me ha seducido la idea de mantenerme escribiendo para siempre en el silencio sin que nadie lea mis cuentos ni mis novelas. Pero también he pasado por momentos en los que me he visto desbordada por la imperiosa necesidad de saber que hago bien lo que me apasiona y me he presentado a algunos concursos. Hubo varios en los que no gané nada; pero también estuvieron aquellos que me trajeron sorpresas, como el concurso de Letras e Imágenes de Nuevo Tiempo.
Creo que un premio no define la calidad que uno tiene como escritor; pero es gratificante recibir ese tipo de visto bueno al trabajo que uno realiza y, por supuesto, obtener un reconocimiento económico por una actividad que, al final de cuentas y aunque sea apasionante, consume tiempo, energía y trabajo.
— ¿Cómo concibe su relación con sus lectores y qué espera provocar en ellos?
Siempre estaré muy agradecida con los lectores que encontró mi novela «El laberinto sin paredes». Hubo, en general, una linda respuesta a la obra. A los lectores de «La jaula se ha vuelto pájaro» todavía no los he oído; pero espero con ansias hacerlo.
Simplemente espero que todo aquello que escribo encuentre lectores que tengan la intención de desmenuzarlo y mirarlo con placer o con un ojo crítico. Espero que me lean con atención, que no dejen a mis ficciones acumulando polvo en algún estante u olvidadas en una mesa de noche sin abrirse nunca.
— Como escritora nacida en La Paz, ¿de qué manera la ciudad y la cultura paceña permean tu escritura? ¿Hay elementos específicamente bolivianos que consideras fundamentales en tu narrativa?
La Paz y Bolivia son nombres que me permiten denominar al espacio en el que suceden varias de mis ficciones. Las manías de sus habitantes y la cotidianidad que se respira en mi ciudad también son elementos que resuenan y sirven como base para fabricar personajes, situaciones, escenarios. Sin embargo, me parece que la Bolivia de mis cuentos nada tiene que ver con la Bolivia que habito. Intento que los préstamos que me hago de nombres y lugares solo sirvan para dar contexto a historias que, quisiera, sean más universales.
— ¿Qué proyectos literarios tiene en el horizonte? ¿Continuará explorando el cuento o hay otros géneros que le llaman la atención?
De momento, estoy escribiendo una novela que se tardará un poco. De cuando en cuando, sin embargo, me salta una idea y se gesta un cuento que me consume un par de semanas y me aparta de la novela. También hay momentos en los que la voracidad del tiempo consume mis días dejándome con un terrible síndrome de abstinencia por la carencia de escritura que colma mis horas.
Difícilmente saltaré de la narrativa a otro género literario. Disfruto mucho de la lectura de poesía; pero no me siento apta para escribirla. También disfruto de la lectura de ensayos; pero siento que mi lenguaje se acopla mejor con la ficción. Tal vez, en algún momento, dedique algunas horas a la escritura de reseñas sobre libros que me llamen mucho la atención —como ya hice algunas veces en el pasado—.




















































































