Informado de los procesos penales que se inician a las personas mencionadas, la primera idea que se me vino a la mente fue el delito imposible, por la inidoneidad del medio o instrumento del delito.
Recordé el trabajo académico publicado como Delito imposible y doctrina de seguridad nacional en razón a un hecho ocurrido en Venezuela (1988), en razón a que el periodista José Vicente Rangel denunció un sobreprecio en la venta de material militar; obviamente, fue procesado judicialmente.
Ni en dicho caso, el de Rangel, como en los de Villafuerte y Nina, no podría darse el delito imposible, pero no por la inidoneidad del medio utilizado (envenenar con azúcar, disparar al ya fallecido), sino por la ausencia de voluntad para delinquir, que sí existe en el delito imposible.
Además, en los casos de Villafuerte y Nina, los denunciantes son funcionarios del Órgano Ejecutivo o dependientes. Ambos fueron imputados. Ni siquiera los cautelares (precautelan las garantías constitucionales) rechazan: en uno es “benevolente” y en el otro caso ordena detención.
Me llamó la atención y contextualicé cuándo, dónde y cómo dijeron para que los procesen. En ambos, las acusaciones sobrepasaron la realidad.
Después de esto, me vino a la mente la segunda imagen, la del desacato medieval (quien hable, haga un mal gesto o mire feo al rey) es condenado ipso facto. Algunos dirán que esa figura penal fue expulsada del código penal y es cierto, pero sólo formalmente.
Y, obviamente, mi artículo señalaba a la Doctrina de Seguridad Nacional (poner los intereses dizque “nacionales” por encima de los derechos ciudadanos), no es más que la figura rediviva del desacato con fuerte tufo a autoritarismo, debilidad institucional o la subordinación de ésta, que nos recuerda a “el Estado soy yo”, o, dicho de otro modo, ‘el poder soy yo y no admito críticas’.
¿Puede ser diferente? Y, mi respuesta, preñada de pesimismo, es que no.
En los Estados fallidos o de profunda crisis en que se encuentra el modelo republicano en general, y en particular el nuestro, no solo es delito hablar… hasta llega a los límites del pecado; pensar diferente es… demoniaco.
Siendo parlamentario, advertía públicamente que no se debe contribuir a abrir las puertas del infierno, porque saldrían los peores diablitos, ante la profunda confrontación que se vivía (2008). Creo que salieron… aunque se evitó una guerra civil.
Mi profundo pesimismo tiene un consuelo (aunque sea de tontos). El mundo está en profunda crisis; la república que se enarbola desde occidente, es mayor su crisis por el debilitamiento de la libertad, la inequidad que destruye la igualdad, más el resquebrajamiento de su institucionalidad por los diablos que andan sueltos. La luz al final del túnel no la veremos quienes estamos en el invierno de la vida, sí las nuevas generaciones.
Alejandro Colanzi Zeballos es criminólogo y nonnino de Valentina

















































































