En el marco de la Feria Internacional del Libro (FIL) de La Paz 2025, Guillermo Ruiz Plaza presenta dos de sus obras más recientes y personales: el libro de poesía Escenas de un regreso imprevisto y la novela Viaje febril al invierno. Ambos títulos, publicados por Editorial 3600, dialogan desde la nostalgia, el exilio interior y el deseo de reencuentro, consolidando al autor como una de las voces más singulares del panorama literario boliviano contemporáneo.
Ruiz Plaza, reconocido como uno de los narradores más personales y agudos de la literatura boliviana actual, ha construido a lo largo de su carrera una obra que explora sensiblemente los temas de la pérdida, el exilio, los destinos inciertos y el regreso. Su estilo, caracterizado por una prosa lúcida y excelente tratamiento técnico, aborda las grietas de la experiencia humana. Con una trayectoria que incluye títulos como Días detenidos (2019) y El hombre tocado de viento (2022), el autor boliviano continúa su exploración de los territorios del desarraigo y la búsqueda existencial.
En esta conversación exclusiva con Escape, de La Razón, Ruiz Plaza reflexiona sobre el proceso creativo que dio origen a estas dos obras aparentemente distintas, pero profundamente conectadas, revelando cómo la novela Viaje febril al invierno —una travesía narrativa que incluye guiños a Arthur Rimbaud— alimentó la escritura del poemario. El autor aborda también reflexiones que van desde lo íntimo hasta lo universal. La presentación de ambas obras se realiza hoy domingo en la FIL 2025.

– ¿Cómo llegan estas dos obras que estás presentando, el libro de poesía Escenas de un regreso imprevisto y la novela Viaje febril al invierno?
Primero viene Viaje febril al invierno, que es una novela de cuatrocientas páginas que empecé a escribir en 2021 y terminé a finales de 2022. Me llevó dos años enteros. Y, bueno, es una novela de aventuras, pero a la vez es una obra metaliteraria, metartística, porque trata de la labor del artista y de la vida del artista.
Es la historia de un pintor cochabambino, Juan Finot, que vive en Barcelona unos años y que se sumerge en una historia de triángulo amoroso que lo marca a fuego. Y esos son sus años dorados.
Y luego vuelve a La Paz por razones familiares, porque él tenía una abuela en La Paz, y son tiempos muy duros para él, y en los que deja de pintar completamente. Entonces se le presenta, después de cinco años, la oportunidad de volver a Barcelona, porque lo contacta un magnate judío que él conocía y que le pide que lo retrate. Vuelve a España con la esperanza de renovar su carrera y, cuando él llega, se entera de que este judío se ha suicidado.
Y queda librado a sí mismo en Barcelona, vagando por las calles en busca de la inspiración y de su alma de artista. Y ahí empieza el viaje en el que él se ve envuelto, junto a otros personajes variopintos, en busca de un manuscrito a través de Francia.
Es una novela de viaje, de aventuras, de lecturas y de arte. Es una novela que, bueno, a pesar de su extensión, yo considero bastante divertida. Al menos yo me lo pasé muy bien escribiéndola.
Y en esta novela hay un personaje, el gran amigo de este pintor, que es un poeta de la India, Shahid Bagdi. Es él quien convence a Juan Finot de que se vaya a Francia en busca de un manuscrito perdido de Arthur Rimbaud, el joven poeta mítico francés.
Y es en la escritura de la voz de Shahid Bagdi, porque es una novela polifónica, donde se cruzan varias otras y una de ellas es la del hindú. Él escribe poesía.
Entonces, empecé a escribir una serie de poesía para la novela. Y ahí está en parte el origen de mi poemario, porque algunos poemas de Shahid Bagdi me gustaban mucho, entonces me los robé para mi siguiente libro, que es un libro de poesía. Y empecé a construirlo, pues, cuando estaba trabajando la novela y lo terminé el verano pasado, que es cuando escribí una gran parte de los poemas.
– ¿Cómo esto refleja el momento actual de este universo de creación en el que has estado?
Bueno, Viaje febril al invierno, yo sentí que era como cerrar una trilogía que se abría con Días detenidos, que es también novela que publiqué en marzo de 2019, después de ganar el Premio Nacional de Novela de 2018. Luego vino El hombre tocado de viento, en 2022, y la tercera novela es esta, Viaje febril al invierno, que presentamos virtualmente el año pasado, en julio de 2024, y que ahora estoy presentando aquí en La Paz, en la Feria del Libro.
Yo siempre la sentí como una trilogía y Martín Zelaya, el crítico boliviano, escribió una reseña, un ensayo sobre estas tres novelas, y en particular la última, donde él identificaba ese hilo conductor. Y habló de una trilogía de la errancia y la memoria. Y ahí, además de la errancia, la migración, los viajes, la aventura, también está muy presente el arte; la reflexión sobre el arte. No solamente sobre la literatura, sino cualquier tipo de arte.
El poemario, pues, nace en cierta forma en la novela, pero también va más allá. Tiene nueve ciclos con distintas temáticas.
El primer ciclo, por ejemplo, es una reflexión sobre la propia escritura, la razón de ser de la escritura, el porqué y el para qué uno escribe. Luego hay otro ciclo que se le podría asociar que se llama «Poetas». Y cada vez tomo a un poeta o una poeta que a mí me gusta mucho trato, en lo que dura un poema, de entremezclar su voz y la mía. Es una especie de homenaje y de diálogo con estos autores. Hay autores bolivianos, como Norah Zapata Prill, y hay también autores franceses como Albert Camus, que, aunque nunca escribió poesía, está entre mis ídolos literarios.
En este poemario también hablo de las guerras que hay ahora, como por ejemplo la guerra en Ucrania, pero también la, no sé si siquiera se le puede llamar guerra, la masacre que estamos viendo desde hace tiempo ya en Gaza. Y allí hay una sección donde hablo de nuestro país, que es el corazón del libro. De ahí el título, Escenas de un regreso imprevisto, cuando tuve que regresar a Bolivia hace cuatro años porque mi madre cayó enferma gravemente.
Yo llevaba en ese momento un cuaderno, siempre llevo un cuaderno conmigo, e iba escribiendo prosas, que al final resultaron poemas en prosa. No era mi intención, pero al final me salieron poemas en prosa sobre el tema del regreso. La posibilidad del regreso y la imposibilidad del regreso, esa es la tensión dramática de ese ciclo, que es el corazón del libro, como digo.
– A propósito, ¿cómo percibes la relación entre estos dos ámbitos, tu experiencia personal y lo que viene pasando con el mundo, y su reflejo en tu obra?
Sí, bueno, hace no mucho publiqué un artículo que se llama «Un fósforo en la noche» y donde reflexiono justamente sobre esas cuestiones.
Si uno se pone a pensar, el hombre siempre ha vivido en tiempos sombríos, por una u otra razón. Siempre hemos estado viviendo tiempos sombríos. Y, en ese sentido, los artistas son importantes. El ensayo va de eso, justamente. Pero no solo los artistas, sino cualquier persona con integridad suficiente como para dar el ejemplo.
Yo creo que, en países como Bolivia, que creo que está entre los más corruptos de América Latina, es importantísimo, es fundamental contar con faros morales, éticos y creativos. Y, por supuesto, en ese sentido, los artistas, los escritores, pues tienen que dar el ejemplo, no solamente con sus libros, sino con su actitud, con su compromiso, con su vida.
Y, bueno, este poemario, es verdad que reflexiona sobre las guerras que estamos viviendo, pero al reflexionar sobre estas guerras, pues se reflexiona sobre la guerra en general, que desde siempre ha impactado mucho a los artistas. Por ejemplo, Los desastres de la guerra, de Goya, creo que es un testimonio monumental del absurdo y del horror de la guerra.
Dicho esto, mi libro depoesía Escenas de un regreso imprevisto, es quizá la obra más personal que he escrito hasta ahora. Debe ser mi décimo libro publicado. Y considero que es el libro en el que he dejado caer todas las máscaras. Hasta el punto de que ahora pienso que sí es mi libro más personal y más genuino.

– ¿Cuál es tu perspectiva sobre la literatura boliviana actualmente?
Mira, a fines de mayo fui invitado como autor a la Universidad de Angers, en Francia, y tuve la suerte de conocer, si no todos, a casi todos los especialistas de Bolivia en Francia, en el medio universitario, así como a dos especialistas de Bolivia en España, profesores catedráticos andaluces. Todos se quejaban del poco acceso que hay a la literatura boliviana afuera. Y es verdad que es muy difícil, si no imposible, conseguir un libro boliviano en el exterior, a no ser que sean los autores que ya publican afuera.
Y creo que es importantísimo contar con una ley del libro y con un verdadero compromiso de nuestros sucesivos Ministerios de Cultura por difundir la literatura y la cultura boliviana en general. Eso está fallando terriblemente.
Yo, por lo que puedo ver, es que se publica cada vez literatura de un nivel a la altura de cualquier libro internacional. Y eso creo que cualquier lector lo puede comprobar por sí mismo. No tenemos nada de qué sonrojarnos. Lo único que falta es difusión. Eso realmente está faltando, sobre todo afuera.
Otra cosa muy importante es fomentar la crítica literaria en Bolivia. Por alguna razón no nos leemos lo suficiente y no escribimos lo suficiente sobre nuestra propia literatura. Creo que eso es lo que fundamentalmente alimenta una literatura: el hecho de que sea leída y comentada y compartida.
– ¿Qué viene hacia adelante en tu camino artístico?
Nunca sé con antelación lo que voy a escribir. De hecho, yo pensé que ya no volvería a publicar poesía. Yo empecé publicando poesía en 2009 con Prosas sacras, que es mi primer libro. Y publiqué otro poemario en 2016, que se llama El tacto y la niebla. Y desde entonces solamente me había dedicado a escribir narrativa y ensayos.
Y yo pensé que ya era algo del pasado, ¿no? Pero luego me di cuenta de que en realidad la poesía nunca me había abandonado. La poesía me sigue como una sombra fiel en todos mis libros narrativos. En mis novelas, en mis libros de cuento, hasta en los ensayos. Está siempre ahí la vena poética.
Y escribí este poemario porque sentí la necesidad de escribirlo como una forma de enfrentar el dolor y cuestiones muy personales. La narrativa no me alcanzó para ello. Yo necesitaba la poesía para expresar ciertas cosas. Y sentí que la poesía era lo que queda cuando han caído todas las máscaras.
Una vez escrito ya este libro y presentado, seguramente algo nacerá en mí, que todavía no sé qué es, pero que iré descubriendo poco a poco. Porque tengo la impresión de que yo no escribo los libros, sino que ellos se escriben a través de mí. Y yo lo único que tengo que hacer es estar atento.




















































































