Días intensos de teatro y visitas a un sitio de múltiples exhibiciones de arte se vivieron en Santa Cruz de la Sierra durante las últimas tres semanas. No vamos a referirnos a otros eventos políticos y sociales que conforman la actualidad, sino a una feliz excepción de la actividad cultural. Hablamos del Festival Internacional de Teatro, que organiza la Asociación Pro Arte y Cultura (APAC) cada dos años durante un par de semanas, y de la Feria de Arte y Diseño «Mirá», ambas importantes actividades que llegaron ya cerca del final del primer semestre, coloreando de oferta cultural y de entretenimiento la vida en el centro.
Artes visuales y artes escénicas son dos espectros distintos. El teatro, por su lado, le pide al espectador que acepte el desafío de sentarse una hora o más dentro de una sala oscura para conectar con una acción viva y efímera que tiene poética; en cambio, el recorrido por salas de exhibición de pinturas y grabados es más holgado para los visitantes —no demanda una conexión irrepetible—, y solo por decisión propia pueden los visitantes convertirse en espectadores activos de las obras. Se ha dicho ya que mirar no es lo mismo que ver. Dentro de las artes visuales, se cuestiona al arte retinal, se piensa con los ojos y los oídos —principalmente al menos—. La Feria de Arte «Mirá», titulada así de manera coloquial y amigable, parece invitar a que se acerquen las personas sin presión ni compromiso, solo para mirar, es decir, para dar una chequeada. La estrategia es acertada, ya que Mirá es de entrada una carnada, pero espera atrapar tu atención ya adentro; es una plataforma comercial de venta de obras de arte y de diseño, pero al mismo tiempo quiere ofrecer una experiencia de recorrido amena e ilustrativa para todos los públicos, sea que compren o no.

El Festival de Teatro de Santa Cruz de la Sierra
En el Festival de Teatro de santa Cruz de la Sierra gozamos con obras para todos los públicos. La dirección artística, a cargo de Oscar Leaño, pareció bastante acertada, dentro de las posibilidades económicas que les permitía el tambaleante presupuesto con el que contaron. Por ejemplo, las obras que llegaron del exterior venían con un prestigio ganado, pero fueron casi todas obras unipersonales, considerando los costos más elevados que representa trasladar entre países a compañías de teatro con muchos actores y técnicos. Fue un festival de teatro acorde con los tiempos de incertidumbre económica que vive el país. Pero a las salas se entraba para poner en suspenso todo lo demás, y dejarse llevar por unas horas mágicas al antiguo ritual del teatro, una suerte de purificación, ocasión para reírse y reflexionar sobre las realidades locales. «La vúlgara polítique» (Teatro La Cueva y Jazz Stop) es en este sentido una sensacional sátira de la vida política en Bolivia, reflejando realidades que se asentaron desde el 2019. Otras obras como «La última fiesta», de la compañía local Voyeur Teatro, nos llevaron por el sendero de la representación satírica de las taras regionalistas y el reflejo de arraigos identitarios en Bolivia, presentados con grandes dosis de humor.
De la obra orureña «Los pueblos del agua. Homenaje a la Resistencia de los Urus», salimos conmovidos y al mismo tiempo esperanzados. La obra es del colectivo Urus Delirium, realizada en colaboración con artistas de El Alto, y se robó una de las más largas ovaciones del festival. Tal vez por su sencillez y humor al contar una historia apremiante para la nación indígena de los Urus, que vive la tragedia de la desaparición del Lago Poopó, además de la contaminación a la cual se ve afectada por residuos. Al salir de la sala coincidimos con el director y actor Carlos Ureña, quien resumió así el sentimiento: «esta obra me insufló de aire el pecho, es de las que te llena de teatro el alma, me tuvo enganchado desde el primer segundo hasta el final».

La Feria de Arte ‘Mirá’ y mucho más
Algunas noches tocó irse a la Feria de Arte «Mirá», en cambio otras fue una cuestión de moverse a las restantes funciones que se presentaban en diferentes sedes del Festival de Teatro: mayormente de AECID a la Casa de la Cultura, o al CCP, dentro de la burbuja bulliciosa que es ese lado del centro de la Santa Cruz de la Sierra. Pero cuando una obra de teatro te dejaba tan absorto en pensamientos y sensaciones, era mejor cerrar ya la jornada e irse a casa para asimilar lo vivido. Por lo general, parece que no existe hecho artístico sustancial que se pueda vivir sin que haya después una necesidad de comer algo rico en la oferta de las calles del centro. El método ya conocido para muchos es volar del teatro a la pizzería más cercana, para seguir masticando la obra, o de otro modo a devorar unas hamburguesas en los puestos ambulantes. Dicho esto, hay que hacer notar a la industria gastronómica local que la llegada de un Festival de Teatro a la ciudad representa una oportunidad fantástica para aumentar sus ventas, por lo cual deberían ser aliados cada vez más comprometidos con el festival.
En una Feria de Arte como Mirá, el objetivo raíz es generar una plataforma comercial, tanto de intercambio y visibilidad entre agentes con influencia en el mercado de arte local, como de añadir una motivación para la compra de obras de arte, principalmente pintura. En Santa Cruz de la Sierra es ya muy visible una idea de construcción de casas con paredes amplias y techos altos, diseñadas para segmentos más pudientes, en zonas lujosas, y que obligan a llenar las paredes de cuadros coloridos, alegres o al menos sugerentes. La industria mobiliaria juega muy bien entre estos dos mundos. Dentro de la cadena productiva de la decoración existe una demanda en el mercado que requiere de obras de arte, por lo que hay un movimiento muy interesante de venta, primero de pinturas, luego de esculturas, y en ciertos segmentos de grabados, por sus precios más accesibles.

Santa Cruz y su porvenir cultural
Lo más elogiable de esta Feria de Arte «Mirá», organizada desde el ámbito particular por un equipo que encabeza el economista Fred Breede, es que ofrece una experiencia a la ciudadanía que no es de todos los días, y lo hace con el ánimo también de activar alguna construcción abandonada o subutilizada en el centro histórico de la ciudad. Este año la organización logró intervenir positivamente la Capilla Los Huérfanos, generando mejoras y mantenimientos en los jardines de los cuatro patios.
Ya cerrando esta panorámica, volveré a referirme al teatro, sin poder olvidar la obra «El brote» —unipersonal interpretado por Roberto Peloni en «El brote» (Compañía Criolla, ARG)—, con la cual nos emocionamos y reímos a carcajadas. Además de su alta calidad, el tremendo éxito de asistencia que supuso, confirma lo efectivo que es el boca a boca en este mundillo, ya que se trataba de un grupo desconocido en Bolivia, y de repente llegó para que se sobrepasara la capacidad del salón de la Casa de la Cultura.
Es muy grato ver así a la ciudad, movilizada por razones buenas, con grandes grupos de personas desplazándose de un teatro a otro por la noche, o visitando una feria de arte dentro de su programa de actividades de esparcimiento. Sería lo más idóneo que fuera esta la normalidad de una ciudad tan prometedora, de rápido crecimiento, y de mayor índice de migración interna desde las otras ciudades. Por lo pronto, sirven estas experiencias para imaginar y seguir diseñando el futuro.
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