El pasado 10 de marzo, en una jornada histórica en la Organización de los Estados Americanos (OEA), en un proceso limpio, transparente y participativo, se eligió por unanimidad al nuevo Secretario General, nombramiento que recayó, por primera vez en los casi 80 años de vida de la organización, en un digno representante del Caribe, que a su vez es una persona ampliamente capacitada para el cargo y, lo más importante, que conoce íntegramente la organización. Por ello estamos seguros que sabrá renovar y conducir una OEA, con más sombras que luces en los últimos años, por el sendero de construcción colectiva de consensos y el apoyo para nuestros Estados, aún en los tiempos difíciles que está viviendo el multilateralismo no solo a nivel del continente, sino a nivel mundial.
Cuando se le preguntó al actual ministro de Relaciones Exteriores de Surinam, Albert Ramdin, sobre los motivos que lo impulsan a postularse como secretario general de la OEA para los próximos cinco años, señaló dos razones fundamentales: la primera es la importancia para el Caribe de asumir el liderazgo de un organismo tan relevante y, la segunda, su verdadera vasta experiencia en la organización. Ambas razones son correctas; si los Estados somos todos iguales entre sí, corresponde que todas las regiones de nuestra América sean representadas y la meritocracia y capacidad personal deben ser siempre los catalizadores para el ejercicio de los cargos públicos a nivel interno de nuestros países y también a nivel internacional.
Albert Ramdin (1958) fue elegido en 2005 secretario general adjunto de la OEA y ocupó el cargo por dos gestiones hasta 2015. Trabajó directamente en la gestión del secretario general José Miguel Insulza, una gestión marcada por el diálogo, la imparcialidad, la objetividad y, sobre todo, el apoyo a los Estados más allá de la orientación ideológica de sus gobiernos. Fue durante la gestión de Insulza que incluso se corrigió la injusta expulsión de Cuba de la organización en 1962. Empero, la experiencia de Ramdin en la organización no se limita a la Secretaría Adjunta; fue asesor del exsecretario general César Gaviria y anteriormente fue embajador, representante permanente de Surinam ante la misma OEA y presidió el Consejo Permanente y el Consejo Para el Desarrollo Integral. Consecuentemente, conoce el organismo desde todos los ángulos posibles.
En el ámbito interno de su país, actualmente es el canciller de Surinam. Fue asesor principal del ministro de Comercio e Industria y del Ministerio de Relaciones Exteriores, Negocios Internacionales y Cooperación. Coordinó los temas más importantes de la Caricom y ha consolidado una destacada carrera política y diplomática al servicio de su país, siempre orientando sus estudios para formarse como un líder de la región y un referente de la diplomacia caribeña. Su vasta experiencia, sobre todo en la búsqueda y consecución de consensos, respalda claramente su capacidad para desempeñar un papel clave en el ámbito internacional.
Ahora bien, el reto que tiene en sus manos el nuevo Secretario General de la OEA es gigante; no solo está el tema del uso de los escasos recursos económicos con que cuenta la organización, en su denominado “fondo regular”, sino que debe institucionalizar los denominados “fondos específicos” para una mejor operatividad de la organización y para blindar el trabajo de áreas fundamentales como son la seguridad hemisférica y, sobre todo, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). La nueva administración, bajo las credenciales del nuevo Secretario General, le devolverá a la organización su institucionalidad y la preminencia de las normas y el Derecho en lugar de la imposición flexible de los documentos y la interpretación sesgada. Empero, lo más importante, les devolverá a los Estados su rol protagónico, tal cual fue en el decenio entre 2005 y 2015, actuando en base a la objetividad y la verdad.
La OEA, pese a los cuestionamientos esenciales que pesen sobre ella, nunca había llegado al extremo de que dos países se retiraran de la organización por la manifiesta injerencia en sus asuntos internos, nunca había reconocido a un gobierno inexistente, nunca había llegado al hecho de que su Secretaría General sea identificada como el factor clave para el quebrantamiento del orden constitucional, como ocurrió en Bolivia en noviembre de 2019. Esta situación debe cambiar definitivamente de la mano de la experiencia y la visión positiva de un nuevo Secretario General en el cual está cifrada la esperanza de mejores días para el organismo de integración más antiguo del mundo, un organismo heredero de la Unión Panamericana, nacida en la Primera Conferencia Americana de 1889; heredera quizá del Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826, convocado por el mismo Libertador Simón Bolívar.
















































































