El fútbol es una excusa para retratar un país, por eso los amantes de este deporte dicen que se juega como se vive.
En Bolivia, los niños juegan en cualquier espacio, en un patio grande, en algunas calles, en los terrenos abandonados y con cualquier balón, amén de ponerse como apodo los nombres de los jugadores que admiran.
Me imagino a La Paz de los años 20 del siglo pasado, con cafés, hoteles pequeños, tranvía, alumbrado eléctrico, algunas escuelas, universidad y mucho espacio para jugar al fútbol.
En ese entorno, un 12 de abril de 1925 se fundó el club Bolívar, entidad que miraba más el aspecto social y cultural antes que el deportivo, el área que, curiosamente, se desarrolló más con el pasar de los años.
Se presentó en la división del fútbol paceño dos años más tarde con notable éxito; más o menos cinco años más tarde fichaba a don Mario Alborta, el mejor futbolista de aquellos tiempos.
Ese es el hecho que le ganó un lugar de preponderancia, como para presentarle cara a The Strongest, por entonces el club más afiatado del país. En ese espacio de tiempo nació el clásico paceño y el calificativo de equipo académico.
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Campeón de los años 1939, 40, 41 y 42, se puede decir que Bolívar fue el primer tetracampeón, cuando los torneos se jugaban a nivel amateur y cuando la caratula se cambió a nivel de fútbol profesional, los celestes inscribieron su nombre como el primer campeón en 1950.
Esta la razón principal para que la canción “a las cuatro de la tarde” identificará a Bolívar como el gran protagonista que debería jugar en el partido de fondo.
La casaca celeste el pantalón azul, las medias grises y los botines negros identificaban a este equipo que ingresaba en fila india con Ugarte a la cabeza al estadio Hernando Siles. Este jugador tupiceño de baja estatura y envidiable dominio de balón fue el símbolo del equipo paceño por más de una década.
“Había que verlo jugar al ‘Durito Durandal’, al ‘Kullu’ Baldellón a nuestro tucumano Santos o al goleador don Mario Mena”. El del relato era don Mario Mercado, que relataba los orígenes humildes de la institución a los más jóvenes, alguno de los cuales fue reprendido severamente por el presidente de Bolívar.
Anécdota curiosa e histórica, semanas más tarde, el dirigente soñador, el que quería a Maradona en su equipo y ganar la Copa Libertadores, dejó este mundo en un accidente en la ciudad de Oruro.
Lo había precedido en la conducción el recordado banquero “Chichi” Siles, hombre que cargó el peso del descenso en 1964 y cumplió aquella expresión de Ernest Henry Shackleton: “Los hombres no se hacen a partir de victorias fáciles, sino con base en grandes derrotas”.
Desdén del fútbol boliviano, porque desde aquel momento Bolívar se convirtió en la insignia del fútbol nacional porque empezó a acaparar títulos y convertirse en el club vitrina, por donde pasaron los mejores jugadores antes de partir al fútbol de los países vecinos.
Convertido en el club referente del país, Bolívar apaga su velita cien, en medio de turbulencias en el fútbol nacional, con dirigentes que se olvidaron su misión de engrandecer a las instituciones y nula visión, porque están amarrados a las pasiones personales, de manera que se podría decir que el entorno frena al club celeste.
Bolívar, el orgullo del fútbol boliviano, cumple 100 años y va por más. Ojalá se cumplan sus deseos.















































































