Introducción: Bolívar arranca la Libertadores, visitando una cancha (la de Cerro Porteño) de buenos recuerdos (aquel cero a cuatro de 2023). Los dos equipos son los llamados a pelear el pase en un grupo donde -supuestamente- Palmeiras es el favorito. Robatto no se traiciona y coloca su onceno tipo (con su clásico 4-3-3). La defensa es para Rocha y Sagredo, como laterales; y el argentino Torrén y el otro Sagredo, de centrales. La “Academia” todavía no encuentra una zaga de garantías, que marque como dios manda. A Robatto, esto lo trae sin cuidado.
Los cinco de adelante (con Justiniano como “cinco” solitario) son los de siempre: Ramiro, Robson, “Patito”, Melgar y Fábio. Los paraguayos son dirigidos por Diego Martínez, tras su salida sonada de Boca. El argentino monta una línea de cinco atrás para soltar a los carrileros.
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Nudo: la primera parte es una montaña rusa, como acostumbran los celestes. Para un espectador neutral, los partidos de Bolívar son lindos de ver, de ida y vuelta, de chances para uno y para otro. Parecen encuentros de copa, al todo o nada. Para Robatto (y Claure, presente en la cancha), esto no importa. Su consigna es la posesión de pelota (la tendrá en un 68% durante los primeros 45 minutos); y atacar y atacar. Así quedará -siempre- desconectado, partido y largo; sin equilibrio, desprolijo.
Una tijera hermosa de Ramiro regala un golazo (hará otro sobre el final) en la Nueva Olla del barrio obrero de Asunción (ese que construyeron los presos bolivianos durante la Guerra del Chaco). La lesión (otra) de Torrén obliga a una defensa (más) improvisada aún (con Saavedra de extraño lateral zurdo). Las perdidas en salida y el (mal) retroceso bolivarista traen media docena de chances claras para el “Ciclón” azulgrana. En la última, empata con justicia Cerro.
Desenlace: la segunda parte arranca igual que termina la primera; con otra perdida y otro gol local, con la pasiva defensa bolivarista retrocediendo tarde y mal, para no variar. El costado izquierdo del famélico esqueleto celeste es un agujero negro; ni Saavedra, ni Ramiro, ni “Patito” defienden o ayudan a defender. Por ahí llegan los goles de la remontada paraguaya. Jugar con equilibrio es jugar con la cantidad justa de riesgo. A Robatto, (todo) esto lo trae sin cuidado. Nota mental: en el arco tiene otro problema.
Post-scriptum: el argentino es un entrenador tozudo. Va a morir con ese fútbol ofensivo que no toma recaudos; que gusta de la peligrosa (e innecesaria) ruleta rusa. Es un entrenador aventurado, demasiado riesgoso para el ilusionante año del Centenario. Bolívar puede/debe jugar a otra cosa, sin perder su esencia de buen toque y osadía deseada.















































































