El pasado sábado 25 de enero, en el comienzo de su segundo mandato, el presidente estadounidense Donald Trump declaró que un millón y medio de gazaties debían desplazarse hacia Egipto y Jordania por la falta de lugares adecuados para vivir en la Franja de Gaza y como resultado del genocidio de Israel. Esta declaración sobre la limpieza de Gaza de sus habitantes, coincidió con las instrucciones que dio al Pentágono de liberar un envío de bombas de dos mil libras a Israel y vino acompañado de otra decisión peligrosa, la de mantener la ayuda exterior a Israel y suspenderla al resto del mundo y la de cancelar las sanciones impuestas a los colonos que cometan crímenes contra la población civil en Cisjordania y Jerusalén.
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Esta propuesta estadounidense difiere de lo que Trump propuso en su primer mandato y como parte del denominado Acuerdo del Siglo, que consistía en transferir la responsabilidad de la Franja a cambio de amplios privilegios económicos, incluido el establecimiento de una gran zona industrial con financiación de los países del Golfo, en la frontera egipcia entre el Sinaí y Gaza, dándose prioridad a los residentes de la Franja para trabajar allí, siempre que hubiera alojamiento para los trabajadores.
La intención explícita de desplazar a los residentes de la Franja de Gaza fuera de Palestina responde a la implementación de la visión que fue anunciada previamente por la ocupación israelí: desplazar a la población de la Franja de Gaza, establecer nuevos aeropuertos, puertos, carreteras, centros turísticos, empresas y residentes, dejar la zona libre de residentes palestinos, implementar la David Land Road y el Bengorion Water Canal como alternativa al canal de Suez por el que pasa el 30% del volumen del comercio mundial, así como la incautación de petróleo, de yacimientos de gas natural frente a las costas de Gaza, cuyo valor se ha estimado que tiene una enorme riqueza y una capacidad de producción para veinte años de consumo.
La declaración de Trump sobre el desplazamiento de palestinos fuera de la Franja de Gaza, fue muy bien recibida por los fascistas israelíes ya que el ministro de Finanzas de extrema derecha, Bezalel Smotrich, se comprometió a trabajar arduamente con el Primer Ministro y con los miembros del Gabinete con el objetivo de preparar un plan práctico para implementar la propuesta del presidente Trump lo más rápido posible. Por otro lado, con la decisión del Ministro del Ejército de Ocupación de liberar a los colonos detenidos, se está alentando a cometer más crímenes en esta guerra silenciosa que está llevando a cabo el gobierno de ocupación israelí. Se trata de escalar el problema y crear un clima de violencia y tensión en toda la zona. Estas declaraciones sobre el desplazamiento de los residentes de Gaza no son un “desliz”, tratan el tema del desplazamiento como si fuera una obra caritativa y reflejan una tendencia más amplia en el contexto de una política reflexiva, según han declarado altos funcionarios israelíes.
Cualquier plan para trasladar por la fuerza a población civil bajo ocupación constituye una clara violación del Cuarto Convenio de Ginebra que prohíbe claramente el traslado forzoso de poblaciones bajo ocupación. Dichos planes también representan crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad y son incompatibles con los derechos naturales e internacionalmente garantizados. El desplazamiento forzado de palestinos no sólo constituye un crimen internacional, sino que es parte de una estrategia dirigida a fortalecer los crímenes de traslado forzoso y de expulsión sistemática que Israel ha practicado contra el pueblo palestino. El pueblo palestino tiene todo el derecho a sobrevivir en su patria.
El pueblo palestino con su firmeza y sacrificio se ha mantenido firme ante los intentos israelíes de desplazarlo y desarraigarlo de su tierra a pesar de la ayuda armamentística prestada por sus aliados. Nuestro pueblo es quien decide su destino y su autodeterminación y debe estar aferrándose a su patria con más decisión que nunca. Nuestro mensaje a todos los israelíes y a sus aliados es que nuestro pueblo palestino hizo un juramento y se comprometió a no abandonar sus tierras, incluso si los matan de hambre o les cortan el agua, los alimentos, la electricidad y los medicamentos, los palestinos permanecerán allí para siempre.
Estas declaraciones de desplazamiento son el llamado que culmina la guerra de exterminio y golpea profundamente el concepto de identidad palestina poniendo fin a todas sus luchas y a la solución de los dos Estados, acabando con el futuro proyecto del Estado palestino independiente, en una flagrante violación de la justicia, del derecho internacional y su legalidad, fortaleciendo las posiciones de la ocupación y reforzándolas. El desplazamiento es una solución a expensas del pueblo palestino, de sus derechos, de su historia y de su futuro.
(*) Mahmoud Elalwani es embajador del Estado de Palestina en Bolivia















































































