Uno de los síntomas del racismo es la negación. El racista no se reconoce racista y, para colmo, ve racismo en el otro, lo que le da otro motivo para odiarlo.
En Bolivia, en la división simplista de oriente y occidente, hay racismo de ambos lados y en ambos lados se acusa de racista al del otro lado. Una de las expresiones de racismo en el oriente es la etiqueta “colla ‘e mierda” que se ha convertido en uno de los insultos más fuertes en esa parte del país.
En el occidente, el racismo se expresa de diferentes maneras, aunque la más generalizada es la xenofobia; es decir, el rechazo al foráneo por el simple hecho de no ser del lugar. Es aquí, y no en el oriente, que se ha acuñado el adjetivo “p’aspa” para referirse a una persona con las mejillas encarnadas, pero en tono peyorativo. Este se usa, generalmente, para señalar a quienes tienen mayor porcentaje indio en su mapa genético.
Las pruebas materiales —cuadros y abundante documentación— han demostrado que, en el periodo denominado colonial, el racismo fue fomentado por las autoridades realistas con el fin de evadir las leyes que consideraban a los indios como súbditos españoles, no como esclavos.
Como los reyes de España jamás visitaron sus territorios de ultramar, se atenían a los informes de los virreyes, que muchas veces escondían la realidad o mentían sobre ella. Con el paso de los años, los españoles residentes en las Indias, y sus hijos, fueron apoderándose de los bienes de la nobleza india. Al mismo tiempo, el racismo motivó que se considerara a lo indio como indigno e inferior, al punto que el adjetivo fue considerado un insulto y, siglos después, lo hemos reemplazado por “indígena”.
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Pero el despojo no se completó en el periodo denominado colonial, sino en la República, con las leyes de exvinculación promulgadas por Melgarejo, primero, y Tomás Frías, después, que posibilitaron que las tierras de los indios y sus comunidades pasen a manos de terratenientes. Curiosamente, quien acabó con la nobleza india, anulando los títulos de dignidad originarios, fue el Mariscal Sucre, en los primeros años de la República.
Todos estos cambios históricos crearon en el indio un resentimiento contra los que consideraba no indios. Pero mientras el resentimiento crecía, la mezcla continuaba al punto que, hoy en día, se duda que existan bolivianos sin mezcla genética de otros fenotipos.
Y es que la “pureza de sangre”, o de genes, es otro mito ya que los europeos que llegaron a mezclarse con nuestros ancestros ya traían su propia mezcla. Los españoles, por ejemplo, se mezclaron con fenicios, cartagineses, romanos, griegos, africanos, árabes y con otras culturas durante su milenaria historia y, en nuestro continente, siguieron mezclándose.
Pero estas cosas no se enseñan en las escuelas y colegios, ni siquiera en las universidades.
Se ha mantenido criterios racistas en las que los fenotipos; es decir, la apariencia de las personas, determina su juzgamiento por parte de sus semejantes. Los políticos usaron la opresión del indio para que este reaccione con odio hacia lo que no se considera indio. Frente a esa manipulación, la teoría de la igualdad genética es peligrosa, tanto como los discursos que buscan la unidad.
Los políticos nos necesitan divididos, porque así somos más manipulables, y rechazan las teorías que van por otras vías. Y, desde luego, el rechazo se expresa con odio, con ese odio que está erosionando el país en este mismo momento.
*Es Premio Nacional en Historia del Periodismo.















































































