Cada año como «buenos bolivianos» nos hemos acostumbrado a encender las alarmas ambientales buscando sofocar con desesperación el grito desesperado de nuestra «Madre Tierra» ante una nueva ola de incendios forestales, provocados principalmente por el Chaqueo desmedido, pues desde el 2021 al 2025 ya hemos quemado más de 25 millones de hectáreas de nuestro territorio; para visualizarlo mejor, es como haber quemado hasta ahora, todo Beni, todo Pando, todo Chuquisaca, y toda Tarija. Pero solo es un dato del último quinquenio, imagina si hacemos el mismo ejercicio con todos los datos históricos…
El Chaqueo es una práctica ancestral en nuestro territorio, en sus inicios los impactos eran marginales pues la cantidad de familias y áreas de aplicación eran pequeñas, no obstante, con los años, se ha hecho una práctica intensiva y totalmente destructiva para los ecosistemas de la región. Es una forma barata y fácil de limpiar zonas para el cultivo, el pastoreo y definitivamente para transacción comercial de tierras; básicamente ahorra días y un monto considerable de costo por hacerlo.
Los datos muestran que desde el año 2000 al 2015 se tuvo un promedio de quema menor de 2 millones de hectáreas por año, la mayor parte de la misma era pasto o sabana, no había fuego en los bosques de la Chiquitanía…el Chaqueo era básicamente de subsistencia.
A partir del 2015 es donde realmente la situación se va poniendo compleja, pues del 2015 al 2020 se tiene un promedio de más de 3 millones de hectáreas al año, haciendo en el periodo cerca de 20 millones de hectáreas; no obstante, el quiebre histórico se da en el 2019 con un valor por demás alarmante, de más de 5 millones de hectáreas, resaltando la idea de tener un marco normativo permisivo, …el Chaqueo entra al bosque Chiquitano.
Del 2021 al 2025 fue un periodo catastrófico por los datos registrados, con más de 25 millones de hectáreas quemadas, donde el pico más alto se registra el 2024 con más de 12 millones de hectáreas quemadas. El chaqueo no solo entra al bosque húmedo de la Chiquitanía… se apodera él…
Ahora bien, no solo son millones de hectáreas quemadas, si no son ecosistemas completamente destruidos, por ejemplo, a la fecha ya se tiene más de 10 millones hectáreas de bosque húmedo afectado, dicha extensión tardará en recuperarse por completo entre 80 a 100 años. Si hablamos de biodiversidad, el número de fauna perdida, asciende a más de 4 millones de animales, tanto el oso hormiguero, puma, perezoso, y mono nocturno, entraron en clasificación de vulnerabilidad, casi el 70% de abejas y murciélagos (polinizadores y dispersadores) desaparecieron de las áreas quemadas, provocando que más de 200 especies ya no puedan reproducirse. El 80% del bosque quemado se convirtió en sábana siendo irreversible su recuperación natural.
Para colmo de males, un conjunto normativo denominado «Leyes Incendiarias» no han hecho más que catalizar y agudizar el problema desde el 2013: Ley N°337 (2013), Ley N°502 (2014), Leyes N° 739, 740 y 741 (2015), Ley N° 952 (2017), Ley N°1171 (2019) y D.S. N°3973. De las cuales desde el 2024, 6 continúan vigentes. Lo que parecía un paquete de normas para fomentar una producción sostenible se había convertido en un promovedor del Chaqueo por las multas baratas, perdonazos retroactivos y el instrumento perfecto para la ampliación de la frontera agrícola.
Lastimosamente, el Chaqueo no apoya al campesino o al pequeño productor, como siempre otros son los beneficiarios directos: Loteadores de tierras fiscales, TCO o áreas protegidas; medianos y grandes ganaderos que compran o alquilan tierra lista para su pastoreo, las empresas soyeras y agroindustriales, que invierten en tierras desmontadas listas para el cultivo. Asociemos cuántas normas se van violando y que instituciones o instancias se hacen de la vista gorda ya sea por falta de capacidad de control o porque son parte del problema, y tenemos la gobernanza que facilita la ilegalidad.
Es imperante, hacer un borrón y cuenta nueva del marco normativo, abrogando las Leyes Incendiarias y aplicando un nuevo modelo que permita un real desarrollo sostenible con sanciones realmente duras para infractores; la gobernanza debe ser reestructurada, en todos los niveles desde el nacional hasta el subnacional, permitiendo control y fiscalización efectivo; la prevención debe estar antes que la reacción, de tal forma que exista un desincentivo al fuego en nuestros bosques y sabanas; finalmente, hacer que las personas dejen de pensar que el bosque muerto es más valioso que el bosque vivo…












































































