El fraude electoral de 2019 y la posterior crisis política que vivió el país fueron el preámbulo del fin de ciclo que se cerró con las elecciones de 2025. Entre varios otros, los mensajes que el electorado dejó en las urnas fueron: queremos un cambio, queremos caras nuevas, queremos que se resuelva la crisis económica que nos heredó el gobierno del MAS. La victoria de Rodrigo Paz fue tan sorpresiva como auspiciosa; un actor desconocido para la mayor parte de los votantes llegaba a la Plaza Murillo con mucho crédito, porque en ese momento no tenía en frente adversarios políticos claros, ni una marca ideológica que lo distancie de unos u otros. Su alianza con Edmand Lara lo ayudó a captar muchos votos, así como logró alejar a muchos otros.
Sin embargo, cuando el reloj da la marca de los seis meses, bloqueos y movilizaciones hacen al país intransitable e ingobernable, el ciudadano de a pie está secuestrado por minorías beligerantes y la violencia, verbal y física, ocupa las redes y las calles. El actual gobierno deja para despejar mucha incertidumbre, la cual ha dejado acumularse por motivos que también debe explicar.
Al entrar a Palacio Quemado, ¿se diseñó alguna política u otro tipo de estrategia de relación con los movimientos sociales? El público sabe que muchos tenían una lógica netamente prebendal, de dame-pegas-por-apoyo, pero hay muchos sectores con representación y demandas legítimas. ¿Alguien se acercó a hablar con ellos? ¿Alguien los recibió para escuchar sus demandas?
La COB era un factor de desestabilización desde el vamos. ¿Hubo puntos de inicio para un acuerdo, o el diálogo fue siempre entre sordos? Si hubo intentos de acercamiento, ¿a cargo de quién estuvieron? ¿Cuál fue la política diseñada para lidiar con sectores beligerantes? ¿Hubo algún espacio de conciliación? Se habla de mucho infiltrado en sectores opositores radicales, ¿se realizó alguna labor de inteligencia para saber quién es quién?
Edmand Lara es responsable de una buena parte de los votos ganadores. Después de ver su accionar errático (por decirlo de forma amable), a todos nos queda claro que cualquier cargo le queda grande. ¿Alguien tuvo el cuidado de escuchar a los sectores que se decían representados por él? ¿O hubo una lógica simple de invisibilizar a quienes votaron por el capitán? Si es lo que pasó, ¿a alguien le parece correcto? Se lo ha anulado administrativamente, pero ¿alguien ha pensado lo que ocurriría si Lara tiene que ocupar la silla presidencial, aunque sea de manera temporal?
Se abrogó hace horas nada más la Ley 1720. ¿Hubo algún tipo de socialización previa a su promulgación? ¿Se entiende el derrape político que significa borrar con el codo lo escrito con la mano? ¿Hay una labor política real previa o se omite de forma intencionada a algunos sectores interesados en la norma?
Las medidas económicas que tomó el gobierno eran discutibles, pero parecían estar en el margen de lo racional. ¿Alguien en la Plaza Murillo se dignó explicarlas a la población a través de una campaña, tour de medios, publicaciones o algo parecido, para entender qué se estaba haciendo y cuáles eran los resultados esperados? ¿O se dejó toda la labor de difusión en manos de la prensa? ¿Alguien creyó en pleno 2026 que simplemente “informar” era una buena idea? ¿Por qué se redujo el esfuerzo de comunicación estatal a la mínima expresión? Junto con la incertidumbre comienzan a correr los rumores, la desinformación y los vacíos. ¿Alguien se está haciendo cargo de corregirlos? Se ha designado un nuevo vocero presidencial, cuya presencia repitió los patrones de su predecesora: apareció los primeros días y después nada. ¿Vale la pena quemar a profesionales en un cargo de tanta inconsistencia?
No hay carne, no hay pollo, ya van 3 muertos, no hay acciones específicas, y el tiempo está corriendo (al parecer, lastimosamente, para atrás). Dicen que la inteligencia consiste no en tener todas las respuestas, sino en saber formular las mejores preguntas. Pero de que hay muchas dudas que nuestro actual gobierno nos debe responder, de eso no cabe duda.
Martín Diaz Meave
*Es publicista y comunicador estratégico.















































































