La presión social, los pedidos de renuncia presidencial y el desgaste acelerado del Gobierno de Rodrigo Paz marcaron una nueva fase de conflictividad política en Bolivia, mientras los analistas Manuel Mercado y Jorge Dulon advierten que el escenario se volvió crítico, aunque todavía existe margen para abrir diálogo con sectores sociales y actores políticos excluidos.
El conflicto refleja una crisis de representación
Durante una entrevista en el programa Piedra, Papel y Tinta, ambos analistas coincidieron en que la actual conflictividad no surgió de manera aislada, sino como consecuencia de una fractura entre el Gobierno y sectores sociales que no encuentran espacios de representación política.
Mercado sostuvo que varios movimientos sociales quedaron fuera tanto del Ejecutivo como de la Asamblea Legislativa, situación que terminó trasladando la presión hacia las calles.
“Tenemos movimientos, organizaciones, sectores sociales que no están representados no solamente dentro del Ejecutivo, sino tampoco están representados dentro de la Asamblea Legislativa”, afirmó.
Según el analista, el Gobierno nació con debilidades estructurales, baja representación política y escasa capacidad para legitimar sus decisiones frente a sectores populares.
“Todavía está a tiempo”
Pese al deterioro político, Jorge Dulon consideró que el Ejecutivo todavía conserva margen para reconducir el conflicto si logra interpretar correctamente el momento político y construir acuerdos.
“Todavía está a tiempo el Gobierno de saber leer el momento histórico”, afirmó.
El analista sostuvo que el Gobierno no logró desarrollar acuerdos políticos ni diálogos permanentes con transportistas, gremiales, cuentapropistas, cooperativistas y otros sectores sociales.
“No ha habido diálogos con transporte, con gremiales, con cuentapropistas, con mineros”, señaló.
Dulon planteó la necesidad de impulsar una “democracia pactada de segunda generación”, incorporando organizaciones sociales y actores políticos en espacios de decisión estatal.
Un respaldo condicionado
Mercado también afirmó que el oficialismo interpretó erróneamente el respaldo recibido en las elecciones de 2025.
“No era un voto de respaldo, no era un cheque en blanco. Era un respaldo condicionado”, sostuvo.
En su criterio, el Gobierno intentó administrar el Estado desde una lógica tecnocrática, sin incorporar representación popular ni mecanismos permanentes de negociación política.
“Es una ilusión pensar que en este momento de la historia en Bolivia se puede gobernar sin el pueblo”, afirmó.
Pedido de renuncia y una crisis más compleja
Los pedidos de renuncia presidencial también fueron analizados durante la entrevista. Mercado los calificó como posiciones “maximalistas”, aunque consideró que expresan la ausencia de canales institucionales de diálogo.
Para los analistas, la conflictividad actual ya superó el debate coyuntural sobre leyes o decretos y expuso problemas más profundos de representación, gobernabilidad y legitimidad política.
Dulon incluso advirtió que, si el Ejecutivo no corrige su estrategia, la gestión podría terminar convirtiéndose en un “gobierno de paso”.
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Mano dura y militarización generan alertas
La entrevista también abordó propuestas de ley antibloqueos, estado de excepción y posible intervención militar frente a la escalada de conflictos.
Ambos analistas coincidieron en que esas medidas podrían agravar aún más la crisis política y social.
Dulon afirmó que una ley antibloqueos podría convertirse en “gasolina al fuego”, mientras Mercado advirtió que las salidas de fuerza dejaron graves antecedentes en la historia reciente del país.
“Por donde lo vean solamente puede ser negativo”, sostuvo Mercado al referirse a un eventual estado de excepción.
El diálogo entra al centro del debate político
Mientras continúan las movilizaciones y aumenta la tensión política, los analistas coinciden en que el Gobierno todavía conserva una oportunidad para abrir canales de diálogo y reconstruir acuerdos con sectores sociales movilizados.
Sin embargo, también advierten que el margen político se reduce rápidamente en un escenario marcado por presión social, desgaste institucional y creciente confrontación.




















































































