La nueva Asamblea Legislativa se estrenó con una super mayoría de tres fuerzas políticas representadas como bloque de mayoría (PDC y alianza Unidad) y bloque de minoría (alianza Libre, con exclusión de las organizaciones pequeñas). Entre las tres se repartieron los cargos en las directivas camarales, así como en las comisiones y comités. Es una megabancada del 90% de asambleístas: lejos todavía de ser una coalición, con prematuros indicios de colisión.
La Nueva Mayoría del siglo XXI, que congrega facciones que van del centro difuso a la derecha radical, tiene todas las condiciones aritméticas para actuar con legitimidad de origen y, si va bien, con eficacia decisoria. Pueden aprobar sin contrapesos, o dejar de hacerlo, todo lo que quieran. Su primera decisión con mayoría calificada fue promisoria: el “retorno” de la Biblia y el crucifijo. Pero es inconstitucional, señorías. No importa: somos mega.
El pacto político en democracia, factor clave de estabilidad, puede ser difícil. La gobernabilidad, esa palabra tan larga como fea, es hija de la necesidad y del miedo: hay que evitar la ingobernabilidad, que dejó trauma en los años de la transición. En Bolivia lo sabemos bien, tanto que bautizamos como “democracia pactada” el modelo de coaliciones multipartidistas de gobierno. Hoy estamos distantes de esa tradición. Y no hay partido predominante.
La actual mega en la ALP no es algo nuevo. Recordemos la megacoalición de 1997, que hizo presidente en democracia a un exdictador (previo cruce de “ríos de sangre”). Hubo otra superbancada de dos tercios en 2002 (año del “qué difícil es amar a Bolivia”). No fue suficiente para evitar el quiebre del gobierno y su fuga en helicóptero. Aprendimos entonces que la gobernabilidad sistémica se disputa no solo en los patios interiores del Legislativo, sino también en la calle.
¿Qué podemos esperar de la megacolisión 2.0 en el “nuevo ciclo”? La agenda de corto plazo es evidente. La Asamblea debe sancionar mañana la ley de los comicios subnacionales. Ya está retrasada en la convocatoria para la elección de vocales del TSE. Le toca aprobar el Presupuesto de 2026, con marca de ajuste. Y se anuncia un “paquetazo” de leyes económicas. ¿Se animará a montar también un referendo de reforma constitucional? ¿Cesará sin más demora a los autoprorrogados?
Las 10 facciones que componen el nuevo proyecto político-estatal (PDC, Primero la Gente, Nuevas Ideas, Democracia Directa, UN, Creemos, TutoLovers, Demócratas, FRI, Brankismo terrateniente) tienen ante sí un reto histórico. Prometen recuperar “la majestad de Estado”. Por ahora resolvieron no comer en los curules. Hay esperanza.
FadoCracia restauradora
- Bolivia, Bolivia, Bolivia, Bolivia, Estados Unidos, Bolivia, Bolivia, Bolivia, Dios, Bolivia, Bolivia, Patria, Bolivia, Familia. 2. Estamos ante un “cambio de era”, dicen, pero el anhelo (no)declarado es de restauración. 3. Libertad carajo, dicen, pero es una libertad con mis condiciones: si no las cumplen, “aténganse a las consecuencias” (sic). 4. Unidad que no odia, que no divide, dicen, pero mi unidad “pasa por la simbología de la tricolor y el escudo”. Todo muy incluyente y unitario. 5. Es un gabinete sin sectores, dicen, pero en primera línea están sonrientes los flamantes ministros de la CAO y de Anapo. Será gabinete sin sectores sociales, pues. Y con cuotas y cuates bien meritocráticos. 6. “Apertura al mundo, sin ideologías”, dicen, pero ya estamos bajo bandera de la monarquía de Trump y del Estado genocida de Israel. Es el nuevo “no alineamiento” (ufa). 7. Bolivia, Bolivia, Bolivia, Dios ajuste, Bolivia, Bolivia, Patria elitista, Bolivia, Familia real. ¿Su proyecto restaurador quisiera ser no solo neoliberal-conservador, sino también señorial? Hay que darles el beneficio de la deuda. Sueñan. Resistimos.
















































































