Cuando usted amigo/a lea este artículo este martes ya sabrá quién ganó el balotaje. Este artículo no tiene ningún interés de realizar un balance de la segunda vuelta electoral, sino realizar algunas consideraciones imprescindibles, ceñidas específicamente al decurso del voto nulo y sus implicancias para el campo de la izquierda boliviana.
No cabe duda, el voto nulo se posicionó en la consideración analítica desde que el expresidente de Bolivia Evo Morales, en la primera vuelta electoral, instruyó a sus bases para que su sufragio vaya a engrosar el voto nulo que históricamente rondaba el 5%. El resultado de este voto, al final, alcanzó el 19%; restando el voto nulo recurrente, tenemos una influencia de Morales sobre alrededor de un 15% en el electorado.
El propósito de este llamado al voto nulo por parte de los evistas tenía clarísimos dos propósitos: 1) averiguar empíricamente hasta qué porcentaje alcanzó el “voto duro” del exmandatario y 2) ante la imposibilidad constitucional de Morales de postularse como candidato presidencial, el voto nulo fue una estrategia electoral de los evistas en su disputa interna en el campo político de la izquierda boliviana para reposicionar el liderazgo del exmandatario.
En el primer caso, resulta que ese 15% del voto nulo atribuible al exmandatario quizás fue determinante para la orientación del sufragio en el balotaje de este pasado domingo. Por las proyecciones y los ejercicios de simulación realizados por expertos dan cuenta que el 15% del voto nulo del expresidente, la mayoría, en la segunda vuelta, quizás se orientó al binomio presidencial del Partido Demócrata Cristiano (PDC).
Desde una lectura sociológica, ese voto nulo que se asienta, sobre todo, en las zonas rurales de Cochabamba, Potosí y Chuquisaca; o sea, es un votante campesino de lo cual fácilmente se puede inferir que ese voto se inclinó por la dupla presidencial Rodrigo Paz-Edmand Lara. En rigor, la campaña electoral del PDC para el balotaje enfatizó una idea fuerza: “el binomio del pueblo”.
En el segundo caso, el propio expresidente dijo: “La segunda vuelta no nos interesa”. Se deduce que Morales, con su convocatoria al voto nulo, cumplió con sus propósitos políticos: por un lado, tener el dato de un aproximado de su influencia electoral para que, a partir de allí rediseñar sus posibilidades en el futuro político inmediato; por ejemplo, ya conocido oficialmente ese porcentaje, los evistas comenzaron la campaña de recolección de firmas necesarias para la inscripción de su nuevo partido Evo Pueblo con miras a su participación en las venideras elecciones subnacionales previstas para los próximo año, y, por otro lado, quizás el propósito más perverso de esta estrategia para el bloque de la izquierda boliviana fue disminuir ostensiblemente el sufragio de los frentes electorales de la izquierda en la primera vuelta: el partido liderizado por su exaliado Andrónico Rodríguez y de su expartido del cual fue fundador, el Movimiento Al Socialismo (MAS), para que Morales sea el único referente de la izquierda.
Entonces, la derrota de la izquierda en la primera vuelta se atribuye en buena medida al voto nulo promocionado por el expresidente. Esta decisión generó, obviamente, efectos políticos institucionales; por ejemplo, la representación de la izquierda en el hemiciclo de la Asamblea Legislativa Plurinacional quedó mermada considerablemente en términos efectivos no van a tener ninguna incidencia. inclusive para evitar posibles medidas antipopulares implementadas por el próximo gobierno.
Yuri Tórrez
es sociólogo.
















































































