Introducción: en partido pendiente, el Tigre (este Tigre con un plantel hecho a pedazos; este Tigre con una dirigencia dividida, con mil y un problemas) tiene la chance de ponerse a tres puntos del líder Always Ready. Va a llover torrencialmente durante toda la noche. Hace un frío de perros. Estamos los dos mil de siempre, ni uno más, ni uno menos. Nos conocemos todos en las tribunas Mi cuate Leo Castillo aparece en polera. Me congelo (más aún) cuando lo veo. El mercurio marca ocho grados. “Es por cábala”, jura y perjura.
Monasterio coloca a John García de falso nueve. El cruceño va a marcar su noveno gol, igualando a Godoy, que va a volver en la segunda parte. ¿De verdad, no está para la selección? ¿De verdad, Arrascaita no merece estar también en la Verde? En fin, nadie entiende estas dos ausencias. O si.
Nudo: la primera parte va a ser del equipo de René Antonio Hinojosa. “Inde” hace todo bien en los primeros 30 minutos. Cuando se lesiona el paraguayo Gustavo Cristaldo, todo se derrumba como castillo de naipes. Incluso dos ex stronguistas enchufados, como Rudy Cardozo y Willie Barbosa, se borran.
El gualdinegro reacciona de la mano de su capitán yungueño que sabe que el mejor sobre la cancha se llama Joel. Pelotas para Amoroso que no se va a cansar de tirar centros. Always debió haber fichado al siete, no al nueve del Tigre.
Ante la ausencia de remate, Altamirano se anima a tirar diagonales y aparece de nueve, al más puro estilo Diego Bejarano. Monasterio prueba todo. Y trabaja. Lovera es el que más le pega de lejos en la cancha de waterpolo. Todo vale para hacer olvidar la falta de centro-delantero.
Desenlace: la segunda es toda del “Derribador”. Saben los stronguistas que es una final (quedan siete más) y deciden jugarla como tal. Amoroso sigue a lo suyo; Quaglio hace el segundo tras un palo de Quiroga, el otro francotirador de la cañada. El descuento de los capitalinos no hace sufrir al Tigre. Ursino, Godoy, Sotomayor y Lino entran. Monasterio mueve las fichas sobre el tablero. No importa, la garra es la misma. El mejor hombre se llama lluvia. Es el mejor aliado, la lluvia es gualdinegra, una bendición. Cada pelota peleada es un espectáculo de luz y de color. Antes la noche ha sido iluminada con fuegos artificiales en la sur tras el primer gol. El tercero (sobre el final, de penal) sirve para irse relajado (y “sopita”) para la casa.
Post-scriptum: el Tigre depende de sí mismo. Viene de menos a más, viene de atrás, como se gusta, como seduce desde el siglo pasado a su hinchada (reducida pero fiel). Va despacito y confiado en su fortaleza, como el arriero; las penas y los miedos son ajenos.














































































