En Bolivia nos acercamos a una segunda vuelta electoral, un balotaje que no solo definirá quién nos gobernará los próximos años, también definirá el nivel de madurez democrática de la ciudadanía. La experiencia nos demuestra que, con frecuencia, nuestro electorado se ha dejado arrastrar por el fanatismo, emociones inmediatas o el clientelismo, dejando en segundo plano lo esencial, “la evaluación crítica de las propuestas y la capacidad real de los candidatos para ejecutarlas”.
La democracia no se reduce al simple acto de votar y su fortaleza depende de la calidad del electorado; es allí donde debemos hacer un alto y cuestionarnos: ¿estamos votando como ciudadanos responsables, conscientes de la actual coyuntura económica y el futuro del país o lo hacemos como simpatizantes que se dejan seducir por promesas fáciles y discursos emocionales?
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En periodos electorales, mucho se escucha y se habla de candidatos, alianzas y encuestas, pero pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre un elemento fundamental que es “el rol del ciudadano en el fortalecimiento de la democracia”. El voto no es un simple trámite electoral, es la expresión más clara de la madurez política de un pueblo, por lo que, resulta importante hablar de cultura ciudadana y de cómo ésta, puede conducirnos a conformar un electorado más evolucionado.
Hoy, el electorado boliviano atraviesa un momento de desgaste, puesto que la polarización, el clientelismo y la manipulación mediática, han debilitado la confianza de la ciudadanía en la política. Muchos ciudadanos votan más por rechazo que por convicción, más por la emoción del momento que por la evaluación crítica de las propuestas. Esta realidad nos coloca frente a un dilema: “seguir atrapados en la repetición de viejas prácticas o dar un salto hacia una ciudadanía más consciente, informada y responsable”.
La cultura ciudadana se convierte en la herramienta esencial para lograr ese cambio. No se trata únicamente de educar en normas de convivencia, se trata de formar ciudadanos críticos, capaces de distinguir entre un discurso populista y una propuesta seria. Un electorado con cultura ciudadana no se vende por dádivas ni se deja arrastrar por promesas imposibles; exige planes concretos, evalúa la viabilidad de los proyectos y entiende que el voto no es un favor al o los candidatos, es una apuesta por el futuro colectivo.
Un electorado evolucionado no se mide por el nivel de estudios ni por la militancia, se lo mide por su madurez cívica, caracterizada por su discernimiento crítico y la visión de futuro. Es por ello que no basta con exhortar a la ciudadanía a ser un electorado más consciente, se necesitan medidas concretas para fortalecer el ejercicio democrático, tales como: (1) la educación cívica sostenida desde la escuela hasta la universidad, debemos formar ciudadanos críticos, no solo votantes eventuales, (2) los debates obligatorios y de calidad donde en un proceso eleccionario en etapa de balotaje, (3) la transparencia y acceso a la información donde los planes de gobierno deben ser compromisos públicos monitoreados por la sociedad civil, y (4) la denuncia ciudadana activa al clientelismo, donde los medios y organizaciones de la sociedad civil organizada lo visibilicen y sancionen.
El balotaje no es solo una segunda vuelta en el proceso electoral, es una oportunidad para que la ciudadanía demuestre que ha aprendido de las lecciones del pasado, donde “votar con conciencia, con memoria y con visión de futuro significa elevar la calidad de nuestra ciudadanía y de la democracia”.
El gran desafío no está únicamente en los candidatos que pugnan por la presidencia y vicepresidencia de Bolivia… está en nosotros como ciudadanos. Necesitamos un electorado que supere la indiferencia, que no se conforme con lo menos malo, que sea capaz de mirar más allá de la coyuntura y pensar en un proyecto de país sostenible en el tiempo.
“Porque un país vale lo que vale su ciudadanía, y el voto consciente es el primer paso hacia un futuro más digno y democrático. Solo cuando entendamos que nuestro voto tiene un peso histórico y que ejercerlo con responsabilidad es la mayor expresión de nuestro compromiso ciudadano, podremos aspirar a una democracia madura, capaz de responder a los desafíos del presente y del futuro”.
(*) Gustavo Jáuregui Gonzáles es asesor empresarial, especialista en gerencia de organizaciones empresariales
















































































