Desde sus tiempos de senador, el actual secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, se ha caracterizado por ser el agente más sedicioso contra gobiernos de izquierda como los de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Hace unas semanas se ocupó de Bolivia. Operador de la política intervencionista de Donald Trump, ejecutó aquí una maniobra de intromisión en dos fases: una que influyó en las elecciones y otra en la justicia.
La primera ocurrió el 6 de agosto con el pretexto del Bicentenario, cuando Rubio envió un mensaje de felicitación dirigida “al pueblo de Bolivia”; no al gobierno, como el protocolo diplomático exige de una dependencia encargada de las relaciones internacionales. En una insidiosa carta publicada por la embajada de ese país, Rubio, primero delimita: “Estados Unidos hace llegar sus felicitaciones y se suma al pueblo del Estado Plurinacional de Bolivia en la celebración del 200º aniversario de su independencia. Este día es una oportunidad de honrar la historia de Bolivia, su herencia cultural y el espíritu perseverante de su pueblo”
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Y luego instiga: “La fortaleza y la resiliencia del pueblo boliviano son un testimonio de su anhelo de un futuro democrático. Mientras conmemoran su bicentenario, nos unimos a ustedes para celebrar la promesa del futuro de Bolivia. Estados Unidos está deseoso de una mayor cooperación para enfrentar los desafíos compartidos con el fin de construir un futuro próspero para nuestros dos pueblos”.
La segunda fase la ejecutó a tres días de las elecciones del 17 de agosto, cuando el Departamento de Estado emitió su informe anual sobre derechos humanos 2024. Un informe que debió haber salido en enero de 2025, pero que sin explicación alguna, se retuvo hasta el 14 de agosto, cuando fue desplegado ampliamente por la prensa corporativa boliviana. Dicho informe dice, entre otras cosas, que el gobierno boliviano ataca a periodistas, encarcela sin cargos a una expresidenta y tortura a políticos detenidos. De Jeanine Áñez, dice que debe ser enjuiciada como expresidenta, en un juicio de responsabilidades, y de Luis Fernando Camacho y Marco Pumari que debe cesar “la presión psicológica y golpizas para obligar a los detenidos de la oposición política a hacer confesiones o declaraciones de culpabilidad”.
¿El resultado? El bloque popular fue aplastado en las urnas y los defendidos por Rubio, dos en libertad, y otra que ya prepara maletas.
La maniobra tuvo su final feliz el jueves 4 de septiembre, cuando un grupo de legisladores de las tres bancadas mayoritarias electas de la nueva Asamblea visitaron la embajada de Estados Unidos “con el objetivo de fortalecer las relaciones diplomáticas con el país y la cooperación intergubernamental”. Ninguno de los legisladores del PDC, Libre y Unidad aclararon si fueron allá por iniciativa propia o fueron específicamente invitados por la embajada. Exultante, uno de los gestores de los intereses estadounidenses, Branko Marinkovic de la alianza Libre, dijo a DTV que de parte de Estados Unidos “existe toda la predisposición de ayudar a Bolivia en esta transición… mantener vínculos con la embajada norteamericana representa una oportunidad no solo en el ámbito diplomático, sino también en lo económico”. Paola López, del PDC: “pareciera que las relaciones están deterioradas, pero no es así; lo que se tiene es una nueva etapa de relación con una embajada expectante”.
¿Buen juego? Está por verse, pues ni el poder que hoy tiene el halcón mayor de Donald Trump lo exime de torpezas como en las que incurrió en su informe anual sobre derechos humanos 2024. Si se lee con detenimiento dicho informe, se verá que las críticas más duras son contra gobiernos de izquierda y muy suaves para sus aliados. Así, fustiga a Brasil, Cuba, Venezuela, Nicaragua, Colombia y Bolivia y alcahuetea a los gobiernos de El Salvador e Israel. Del primero, dice que “no hubo informes creíbles de violaciones significativas de los derechos humanos” y de Israel que, si se comprueba abusos de militares en Gaza, éstos serán castigados. Nada dice de las acusaciones de corrupción contra Netanyahu; en ninguna parte menciona el genocidio y destrucción de Palestina; no alude a los más de 64 mil muertos, la mitad mujeres y niños; nada dice de los 406 gazatíes asesinados por inanición; ahí, según Marco Rubio, sólo hay una guerra, nada más.
(*) Javier Bustillos Zamorano es periodista
















































































