La gobernabilidad del presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Luis Alberto Arce Catacora, en estos cinco años de su gestión, según los datos del Instituto Nacional de Estadística de Bolivia (INE Bolivia), en relación al Producto Interno Bruto (PIB) y la inflación pasó de una deflación a una estanflación. La “deflación” caracterizada por un alto crecimiento del PIB del 6,1% y una baja subida de precios tan solo de un 0,9% en la gestión 2021, y en estos cuatro años pasamos a una “estanflación” del mismo modo, pero a la inversa; es decir, un bajo crecimiento del PIB de 0,7% y una alta inflación casi del 10% para la gestión 2024, y ya para la gestión 2025 para mediados de julio la tendencia es la misma para ambas variables, pero con la brecha más grande.
Si bien la economía boliviana ha experimentado una volatilidad del tipo de cambio del mercado oficial al mercado paralelo y también al digital desde febrero de 2023, la devaluación del boliviano frente al dólar sigue siendo un tema relevante; así, los sectores económicos han expresado preocupaciones sobre la estabilidad de la moneda ante la creciente presión inflacionaria del 16,92%, redondeando un 17% del acumulado de enero a julio del año 2024, según fuentes del INE Bolivia y una devaluación de la moneda nacional del 101%, que pasó de Bs 6,96 por dólar a Bs 13,50 o más por dólar; es decir, se duplicó y he ahí la pérdida del poder adquisitivo de la moneda nacional ante la carencia de dólares y divisas en moneda extranjera.
La realidad económica boliviana, que atraviesa una etapa crítica, con un modelo económico social, comunitario y productivo que fue bueno mientras había reservas de gas natural, ahora el modelo económico agotado y aún dependiente de la renta extractivista de la exportación del gas natural que va disminuyendo día a día; con proyecciones de escasez para el siguiente año y pasar a una crisis energética ante la dependencia del gas natural para el consumo eléctrico; con una alta deuda pública total entre la deuda externa e interna que llega al 95% respecto al PIB, según el Fondo Monetario Internacional; y unas reservas internacionales consumidas en oro de 40 toneladas a tan solo 22,5 toneladas para 2014 y tan solo 0,9 toneladas de oro en bóvedas para junio de 2025, y una baja reserva de moneda extranjera, divisas que llegan 600 millones de dólares, según el último informe del Banco Central de Bolivia, lo que ocasionó una mayor inflación.
Además, la alta informalidad laboral que, según el Banco Mundial, va creciendo en esta crisis económica, casi llegando a un 90% de la Población Económicamente Activa, y que sería el pilar fundamental de la crisis económica, sumada la precariedad del empleo que ha afectado a la población. Ni tampoco de la devaluación del boliviano que sigue siendo un desafío dentro del contexto económico del país, mientras que la emisión de billetes tiene un fuerte componente para cubrir el déficit fiscal. Ambos temas, aunque diferentes en naturaleza, se entrelazan en el marco del desarrollo económico y cultural de Bolivia ante una eminente estanflación y devaluación de la moneda nacional.
César Vargas Díaz
es analista e investigador económico

















































































